La epopeya de los Visigodos (I). Antes y después de Vouillé

La historia de los pueblos nórdicos se transmitió oralmente durante siglos y no comenzó a registrarse por escrito hasta que estas tribus se asentaron dentro de los límites del Imperio romano. La mezcla de fuentes romanas y germánicas hace pensar en un origen escandinavo del pueblo godo en torno al siglo I a.C.; aún hoy se conserva el nombre de Göthaland en una región del sur de Suecia. En el siglo I, Tácito en su obra Germania (año 98 d.C.) situaba al pueblo godo en una región que bordeaba el Vístula. Hasta allí habían llegado procedentes de la isla de Scandza, según Jordanes, o de las grandes llanuras glaciares del Septentrion, según San Isidoro.

En el siglo II se desplazaron hacia el sur siguiendo el curso del Vístula, recorrieron las llanuras de la cuenca del Danubio alcanzando territorios hoy pertenecientes a Rumanía, Moldavia y Ucrania. A comienzos del siglo III el migrante pueblo godo se dividió en dos grandes familias, los greutungos, antecedente de los ostrogodos, que avanzaron hacia el Este y los tervingios, que se instalaron en las llanuras al Oeste del Danubio. Allí convivieron con otras tribus como los taifalos y los victohali; estos pueblos formaron una confederación de la que surgió el pueblo visigodo. En la década de 370 algunos grupos de individuos de esta zona occidental cruzaron el Danubio y atravesaron el limes romano desafiando al Imperio. Es un periodo demasiado confuso para establecer categóricamente un origen común de los asaltantes y considerar que el paso de la frontera fue resultado de un ataque de un determinado y concreto pueblo contra Roma. Pero lo cierto es que la historiografía, a partir de este momento, empieza a identificar este conjunto de tribus o pueblos como visigodos y ubica el grueso de esta confederación se en la Dacia.

En 376 los visigodos sufrieron las embestidas de un feroz pueblo asiático: los hunos. Atanarico II intentó detenerlos en el Dniester pero fracasó. Atanarico, caudillo visigodo, se había enfrentado al emperador Valente y mantenía una tensa relación con Roma. Las gentes visigodas ante el peligro que suponía el avance de los hunos pidieron a su líder que solicitara la ayuda de Roma. Ante la negativa de Atanarico, gran parte de su pueblo optó por apoyar la rebelión de Fritigermo y Alavivo quienes arrebataron el poder a Atanarico y solicitaron auxilio a los romanos. Pidieron al emperador que les permitiera cruzar el Danubio para huir de los hunos. Roma aceptó, pero lo hizo con salvaguardas; separaron a las familias e hicieron ver a los emigrantes que podían vender a sus hijos como esclavos si su actitud se volvía a tornar hostil. Fueron instalados en Moesia (Bulgaria y Serbia) y hasta allí llegaron furtivamente grupos de ostrogodos que también huían de los hunos.

Los corruptos gobernadores romanos y en general los funcionarios imperiales acosaban a los godos, subían continuamente los impuestos, les limitaban la posibilidad de alcanzar suministros e impedían su prosperidad. La tensión acabó por convertirse en una auténtica rebelión y el propio emperador Valente hubo de acudir a sofocarla. La batalla de Adrianópolis en 378 supuso un gran triunfo godo frente a la opresión romana, los godos se hacían con el control de la mitad oriental de los Balcanes. En la batalla encontró la muerte Valente, a quien sucedió Teodosio

Teodosio, Augusto de Oriente, trató de recomponer el poder imperial en Iliria y Tracia. La confederación de godos, aún débilmente estructurada, comenzó a plantearse que un nuevo tratado de federación con el imperio podía ser la mejor solución para afianzar su posición. Este tratado permitía a los godos mantener su obediencia a un mando militar perteneciente a estos pueblos confederados. De esta manera pasaron a formar parte de los ejércitos imperiales como unidades completas bajo un mando propio a modo de mercenarios y participaron en las guerras civiles motivadas por los procesos de usurpación del poder de los emperadores durante la última década del siglo IV.

Hacia 392 el líder de la confederación de godos era Alarico quien tres años después, tras la muerte de Teodosio y la nueva partición del Imperio entre Oriente y Occidente, proclamaba que sus seguidores eran independientes del poder romano y podían optar por prestar su servicio a cualquier otro poder que mejorase sus condiciones[1]. Alarico percibía que la debilidad imperial podía reforzar su poder y permitirle ganar territorios. Optó por atacar al emperador de Occidente, Honorio que era aún un niño y se dirigió hacia la nueva capital imperial, Rávena, pero fue derrotado por Estilicón, el general a quien Teodosio nombró regente de su hijo.

Pero los visigodos lograron un acuerdo con Estilicón para que Alarico fuera nombrado magister militum de Iliria. De esta forma los visigodos se convertían en unos foederati del Imperio y Alarico comenzaba a luchar al lado de Roma, junto a Estilicón, contra otros pueblos bárbaros,

En 406 se produjo la gran invasión por parte de oleadas de bárbaros alanos, suevos y vándalos que cruzaron el Rin. Roma acuciada por graves conflictos internos y acosada desde el norte, se encontraba en un estado de profunda incertidumbre. La debilidad que mostraban las instituciones romanas posibilitó que Constantino III fuera aclamado como emperador por los legionarios del ejército de Britania. En 407 cruzó el Canal de la Mancha con sus tropas y se asentó en la Galia.

Nombró César a su hijo Constante y lo envió a Hispania para consolidar su posición. Éste entregó a Geroncio, uno de los generales más próximos a su padre, el mando del ejército. Los hispanos aceptaron esta situación. Constante consiguió derrotar a los partidarios del emperador legítimo, Honorio, los hizo prisioneros y acudió a Galia a negociar con dicho emperador. La marcha de Constante fue aprovechada por Geroncio para, apoyándose en la población hispana descontenta con algunas decisiones del hijo de Constantino III, tomar el poder. Hispania quedaba gobernada por Geroncio, que había usurpado el poder a Constante, César de Constantino III, quien a su vez había usurpado el poder a Honorio.

Esta complicada situación en el gobierno imperial de la península propició que vándalos, suevos y alanos irrumpieran en la península, posiblemente apoyados por un acuerdo con Geroncio. Los saqueos se produjeron entre 409 y 411, pero ante la ausencia de un poder legítimo eficaz motivado por la lucha entre Geroncio y Constante, decidieron quedarse y asentarse en determinadas zonas tras realizar un sorteo para repartir el territorio[2]. El norte de Gallaecia correspondió a los vándalos asdingos y el resto de la provincia a los suevos; los vándalos silingos se adjudicaron la Bética; Lusitania y la Cartaginense fueron las provincias en las que se instalaron los alanos[3].

En 408, se producía en Roma una conjura contra Estilicón. El hecho de que el regente fuera de origen vándalo (madre romana y padre vándalo) fue la excusa que esgrimieron sus enemigos para argumentar que en realidad tramaba entregar Roma a Alarico. El caudillo visigodo, quien se había convertido en fiel compañero de armas de Estilicón tras alcanzar el acuerdo como foederati, reaccionó contra el poder imperial y sitió la ciudad; sufrió un primer fracaso en 408, pero en 410 conseguía entrar en Roma, saqueaba la ciudad y capturaba a Gala Placidia, hermana de Honorio, para mantenerla como rehén.

El victorioso Alarico se propuso llevar a su pueblo a África donde pretendía instalarse para iniciar una nueva etapa, pero falleció en Cosenza tras llevar a cabo un primer intento baldío. Su cuñado Ataulfo fue quien le sucedió. Los objetivos principales del nuevo Rey visigodo eran alimentar a su pueblo y conseguir un asentamiento donde establecerse; para ello pactó una alianza con Honorio merced a la cual el ejército godo apoyaría las campañas imperiales contra los usurpadores en Hispania a cambio de que Roma suministrara trigo y entregara territorios a los visigodos.

A los triunfos que los fieles a Honorio iban obteniendo en las campañas militares, sucedían continuos levantamientos contra el poder imperial que impedían al emperador cumplir con la palabra dada a Ataulfo. Los nobles visigodos propusieron retomar el plan de Alarico de trasladarse a África. Ante la negativa de Ataulfo, los nobles urdieron una rebelión y le asesinaron. Sigerico uno de los conspiradores tomó el mando, pero fue asesinado unos días después. El clan de los Balto reaccionó y nombró Rey a Valia.

El objetivo del nuevo Rey seguía siendo pasar a África, pero una tempestad, de nuevo, lo impidió. Valia inició negociaciones con Roma, devolvió a Gala Placidia a su hermano Honorio (quien la entregó en matrimonio a su general Flavio Constancio) y firmó el foedus de 416 para luchar contra los bárbaros instalados en la península.   La situación volvía a ser muy similar a la que se vivía con Ataulfo, pero el foedus estaba ahora firmado, era, por usar un término actual, de carácter oficial.

Entre 416 y 418 Valia acabó con los alanos y los vándalos silingos. Sólo los suevos y los vándalos asdingos pudieron mantenerse en Gallaecia. Pero cuando todo hacía pensar que los visigodos acabarían con los pueblos bárbaros del noroeste, Flavio Constancio el general de Honorio, paralizó las operaciones sorprendentemente, y otorgó a Valia y a los visigodos territorios en Aquitana para que se asentaran allí definitivamente. Tal vez fuera el temor a que los visigodos se instalasen en la península sin ninguna oposición lo que llevó a Honorio a seducirles con los territorios aquitanos.

El reino visigodo en la Galia

La ausencia de un ejército imperial en la península y las tensiones en el gobierno permitieron que los suevos aumentaran su poder y su zona de control y que los vándalos de Genserico pasaran a África arrebatando territorios y poder económico a Roma. La Tarraconense, fiel a Roma, iba a sufrir los ataques de unos nuevos enemigos, los bagaudas.

Requiario, rey suevo, firmaba un tratado de Paz con Roma en 452. Pero nuevos problemas iban a sacudir al imperio tras la muerte de Valentiniano III y la muerte del general Aecio (quien derrotó a los hunos en los Campos Cataláunicos junto al ostrogodo Teodorico). Requiario aprovechó la nueva situación de inestabilidad del imperio, rompió el pacto y penetró en la Tarraconense. El Rey visigodo Teodorico II fue el encargado de penetrar en Hispania en 456 para detener a los suevos y ejecutar a Requiario (que era su cuñado) tras capturarlo en Oporto. Avanzó por Lusitania hacia la capital Emérita Augusta, pero no parece que sus intenciones fueran más allá de lograr botín[4] o cumplir sus compromisos como federado del imperio. Es decir, de nuevo sin intención de permanecer en Hispania.

Teodorico II dejó unas tropas y guarniciones en Gallaecia pero cuando el grueso de su ejército volvió a la Galia, diversas facciones suevas volvieron a sublevarse. Los godos luchando junto a Nepotiano, el magister millitum del impero, no consiguieron reinstaurar por completo el poder imperial en Hispania. Administrativamente la península dependía del poder imperial salvo en la zona de los suevos, pero en la práctica, existía un vacío de poder que era ocupado por las aristocracias locales y provinciales. El imperio de Occidente avanzaba hacia su destrucción y sin embargo el Rey visigodo Teodorico II no entendía su poder al margen del de Roma.

Su hermano Eurico, por el contrario, sí consideraba al pueblo visigodo capaz de ocupar el lugar de Roma en Hispania y en la Galia. Era consciente que la debilidad interna y la disparidad de intereses y falta de unidad podían suponer el final del Imperio Romano en Occidente. En 466 asesinó a su hermano y tomó el poder[5].

Eurico no se equivocaba, en 476 el hérulo Odoacro deponía a Rómulo Augústulo y enviaba las enseñas imperiales al emperador de Oriente Zenón acabando así con la legitimidad del título de emperador en la zona occidental del Imperio y dejándola exclusivamente en manos del emperador de Oriente, del Imperio Bizantino. Odoacro pidió ser nombrado Rey de Italia. Obtuvo el título, pero su reinado fue breve.

Los ostrogodos de Tracia bajo el reinado de Teodorico el Grande, estaban en conflicto continuo con el imperio oriental. La situación planteada en Roma ofrecía una oportunidad de acuerdo para bizantinos y ostrogodos. Un pacto entre Zenón Isáurico y Teodorico condujo a los ostrogodos a Italia. El emperador consiguió un doble objetivo, acabó con la vida de Odoacro en Rávena[6] y alejó a los godos de Constantinopla. La llegada de los ostrogodos de Teodorico el Grande a Italia tendrá suma importancia en el devenir de sus “parientes” visigodos.

Mientras tanto, en la Galia, Eurico trató de aprovechar el vacío de poder originado por la caída del impero occidental. Por el norte había avanzado hasta la Bretaña y por el sur llegaba a tomar Arlés y Marsella en 476. El reino de Tolosa se extendía desde el Loira (al norte de este río se extendía el reino de Siagrio, el último reino que registró una autoridad romana-gala) hasta la península ibérica.

Aunque es muy difícil determinar hasta qué punto su poder en Hispania era sólido y qué territorios abarcaba eficazmente, sí que tenemos constancia de las primeras expediciones visigodas y por tanto de dónde y cómo pudo comenzar a asentar su poder: En 472 el conde Gauterico penetró por los Pirineos occidentales y tomó Pamplona y Zaragoza. En 473 Heldefredo entrando por Le Perthus asedió Tarraco. Allí fue nombrado dux provintiae, Vicentius, quien acompañaba a Heldefredo. Es importante que el titulo afectara sólo a la provincia, a la Tarraconense, y que no se le nombrase dux hispaniae tal y como se hacía con los magister militum romanos.

Estas expediciones suponen el inicio del avance del Reino de Tolosa de Eurico por la Península y afectan en exclusiva a la Tarraconense. Aún no se puede hablar por tanto de un establecimiento visigodo en toda Hispania. También hay que reseñar que ya en este momento existirían lazos entre visigodos e hispanorromanos iniciados cuando Teodorico II intervino para frenar a los suevos y que incluso podrían haberse formado asentamientos en las mesetas[7].

El imperio ya no podía asegurar la posición y preeminencia social de los terratenientes y aristócratas hispanos, de manera que Eurico consiguió su lealtad manteniéndolos al frente de las instituciones y otorgándoles cargos civiles y militares. De esta forma el poder visigodo fue sucediendo al poder romano. Eurico elaboró un Código para regular las relaciones entre hispanorromanos y visigodos que en cierta manera protegía a éstos últimos ante la desproporción que existía entre ambas poblaciones.

Pero el proceso no fue ni mucho menos simple y no pudo extenderse por toda la península. No estuvo exento de intentos de sublevación como el de Burdunelo, cuyo cruel final, introducido en un toro de bronce y quemado vivo, habría de servir como muestra del poder visigodo.

La institución que se mantuvo independiente y que trató de mantener su cuota de poder fue la iglesia católica que no se convirtió a la fe arriana de los visigodos, lo que supuso la persecución y destierro de algunos obispos. Algunos autores, sidonio Apolinar o Gregorio de Tours entre ellos, se refieren a Eurico como un verdadero perseguidor de católicos, afirmación exagerada pero que indica que el conflicto religioso existía.

Los obispos, ante la llegada de un poder extranjero, se convirtieron en los líderes de sus pequeñas comunidades, salvaguardando la identidad y amparando y protegiendo a la población. Ya habían demostrado ser un importante elemento de resistencia ante la invasión de los arrianos suevos defendiendo la legalidad romana de gentes bárbaras y heréticas[8]. Su posición como garantes de un pasado, de una tradición los convertirá en verdaderos protagonistas de la relación entre las élites visigodas y la población hispanorromana.

Vouillé

Pero los problemas más graves para el Reino de Tolosa comenzarían en el norte. El Reino de Siagrio era el tapón entre el reino visigodo y el de los francos cuyo Rey era Clodoveo. En 484 en Soissons , el Rey franco atacaba y vencía a Siagrio quien tenía que huir y buscar refugio en territorio visigodo.

 La protección que Alarico II ofreciera al católico Siagrio fue el primer roce grave entre francos y visigodos.  En 486 Clodoveo se había convertido al catolicismo para atraerse a la nobleza y la aristocracia galorromana más allá de las convicciones religiosas. Para los visigodos, arrianos ellos, se convertía en un difícil objetivo mantener la fidelidad de las aristocracias hispanorromana y galorromana, católicas e influyentes en sus territorios, ante el empuje del nuevo reino católico. El rey visigodo estableció nuevas normas, el Breviario de Alarico, para conseguir el apoyo de hispanorromanos y galos y acabó con las persecuciones a los cristianos que se llevaban a cabo desde el reinado de su padre Eurico.  

Pero la presión franca aumentaba tras derrotar a turingios y alamanes. El avance franco parecía imparable y Alarico optó por apoyar al siguiente pueblo que se tenía que enfrentar a Clodoveo, los burgundios. La apuesta de Alarico fue un fracaso y no consiguió detener a su rival. En el año 500 Clodoveo se anexionaba Dijon y alcanzaba el control del norte y el este de la antigua Galia romana.

Todo hacía indicar que nada podría impedir un enfrentamiento directo entre ambos reinos para dirimir la supremacía en el actual territorio de Francia. El ostrogodo Teodorico el Grande desde sus territorios en Italia e intentando hacerse valer como sucesor del poder imperial trató de mediar entre Alarico y Clodoveo para impedir la guerra entre ambos. Forzó una reunión entre los reyes en Amboise, una isla neutral en el Loira; Alarico aceptó entregar a Siagrio para evitar un conflicto abierto con Clodoveo. Siagrio fue, a continuación, decapitado por el rey franco.

Pero tras unos años de tregua, que Clodoveo aprovechó para atraerse a los burgundios, antiguos protegidos de los visigodos, en la primavera de 507, los francos cruzaban el Loira que era la frontera pactada entre ambos reinos. Los visigodos trataron de retenerlos en el norte esperando la ayuda de los ostrogodos. Finalmente se produjo el gran choque cerca de Poitiers. La Batalla de Vouille, supuso una enorme derrota visigoda en una batalla que no concluyó hasta que los francos pusieron fin a la vida del Rey Alarico II.

Más allá de la derrota militar del ejército, se producían dos hechos tremendamente graves para el sentimiento del pueblo visigodo: la muerte del rey que dejaba al reino descabezado y la pérdida del mítico tesoro visigodo.

El tesoro era la prueba tangible de una historia compartida, su importancia no era sólo económica. El de los visigodos se creía que contenía objetos procedentes de Jerusalén, tomados por el emperador Tito en 70 d.C. y que cayeron en manos de Alarico I tras el saqueo de Roma de 410. El tesoro recordaba a los visigodos su triunfo frente a los romanos y era el resultado de su éxito en las guerras ya que los botines conseguidos engrosaban dicho tesoro y acrecentaban el poder de la élite gobernante y la familia real.

El intermedio ostrogodo

Sin Rey, y perdido el tesoro que suponía su seña de identidad, los visigodos siguieron mayoritariamente en la Galia, aunque quedaban recluidos en un pequeño espacio del sureste de Francia, la Septimania. Iba a ser el ostrogodo Teodorico el Grande quien recompusiera la organización del reino inmediatamente

Gesaleico, hijo ilegítimo del fallecido Alarico II fue nombrado nuevo monarca, pero la cobardía que mostró ante un ataque burgundio que le llevó a huir a Barcino provocó la intervención de Teodorico. El rey ostrogodo, cuya hija Tudigota fue la esposa de Alarico II a quien dio un hijo, Amalarico, acudió a la cercada y sitiada Carcasona a proteger los derechos y la vida de su nieto. Teodorico recuperó gran parte del tesoro visigodo, lo que le otorgaba una gran notoriedad entre las élites visigodas y se proclamó regente de su nieto. La corte visigoda permanecía en el sureste de la Galia.

El rey ostrogodo mantuvo esta porción de la Galia e Hispania como reinos independientes de Italia. Nombró a Teudis, un oficial de su guardia personal, gobernador de Hispania hasta que Amalarico fuera mayor de edad, momento en el que su abuelo Teodorico le entregaría la totalidad del reino visigodo excepto Provenza que pasó a ser región ostrogoda.

Tras la muerte de su abuelo, Amalarico se casó con la hija católica de Clodoveo, Clotilde en 526 en un intento de reconciliar a ambos reinos. Pero este matrimonio en lugar de facilitar las relaciones acabó por ser el detonante de un nuevo conflicto. El choque entre la fe arriana de Amalarico y la católica de Clotilde llevaron a esta a pedir ayuda a su hermano Childelberto, quien decidió atacar el corazón del reino visigodo, la Aquitania Prima, en el año 531 para defender el honor y la fe de su hermana.

Un Rey franco volvía a vencer a un Rey visigodo.  Amalarico era derrotado cerca de su capital, Narbona. Amalarico se refugió en Barcino y allí terminó su vida tras ser asesinado[9] en un complot urdido, posiblemente, por Teudis el oficial ostrogodo que Teodorico había nombrado regente. La muerte de Amalarico supone el final del gobierno de la dinastía de los Balto tras más de un siglo en el poder.

Este es el momento en que según Procopio de Cesarea[10] las familias, el pueblo, mujeres y niños, no sólo soldados, emigran a la Hispania de Teudis.

No parece, por tanto, que fuera a través de un potente ejército invasor la vía por la que los visigodos asumieron el poder en la península. Las derrotas de Vouillé y Narbona debilitaron el poder visigodo, supusieron la muerte en batalla de un rey y el asesinato de otro. Fue la intermediación ostrogoda y su apoyo frente a los francos lo que posibilitó la supervivencia de un reino capitidisminuido y reducido a la narbonense. El hecho de que fuera la propia capital del reino visigodo, Narbona, el objeto del ataque de Childelberto, sin duda hubo de hacer mella en una población que durante tres décadas veía reducido continuamente el territorio que ocupaba su reino.

Pese a que los francos no invadieron por completo el territorio de la narbonense y parecieron conformarse con el rescate de Clotilde, gran parte de la población optó por desplazarse a los territorios que Teudis controlaba en Hispania. Y debemos referirnos a estos territorios de una manera un tanto inconcreta ya que aún hoy es imposible definir como se articuló este embrionario estado ostrogodo-visigodo en Hispania.

Los estudios arqueológicos[11] están determinando que a finales del siglo V y comienzos del VI existían asentamientos que pueden ser identificados como cabañas de tipo nórdico en Duratón, en Herrera de Pisuerga, El Carpio de Tajo o Castiltierra. Las tropas de Teudis que se habían establecido en la península establecieron relaciones con los hispanorromanos de manera que las élites godas e hispanas comenzaron a influenciarse mutuamente. Los visigodos en unos casos fueron asentándose en territorios despoblados y en otros pactando y llegando a acuerdos con los habitantes del lugar.  

Tal vez en las propias características de asentamiento y gobierno de Teudis en Hispania encontremos un hilo que seguir para identificar el proceso. Este general de Teodorico, Teudis, se casó con una influyente y poderosa aristócrata hispanorromana. Constituyó una guardia personal de 2.000 hombres y comenzó un reinado desvinculado por completo de los ostrogodos.

Pero existían más poderes en la península que habían logrado mantenerse tras la caída del imperio. El reino suevo se mantenía en el noroeste. Astures, cántabros y vascones mantenían su belicosa actitud frente a los poderes externos. Había otros territorios y pueblos no sometidos como Sabaria y en el sur, la aristocracia hispanorromana seguía siendo muy poderosa en especial en el Valle del Guadalquivir, en Córdoba y Sevilla. Teudis no se enfrentó a todos y cada uno de estos poderes, sino que se estableció en las zonas menos hostiles. En 533 estableció su corte en Hispalis respetando la estructura administrativa existente. Pero en los años finales de su reinado ubicó la Sede Regia en Toledo[12].

Podemos por tanto establecer que con Teudis se comienza a desarrollar el estado visigodo en Hispania tras varias décadas de migraciones producidas por el conflicto con los francos en la Galia. La pérdida de gran parte del territorio y la derrota en la capital Narbona convirtieron el solar de la Península Ibérica, ocupado por muy variados poderes, en el territorio de acogida de un pueblo nórdico y bárbaro que tuvo un profundo protagonismo en la desintegración del imperio romano.

Teudis no solo tuvo que asentarse frente a rivales internos, sino que también hubo de defender el territorio de graves agresiones externas.

Pero esto lo veremos en la próxima entrada.

BIBLIOGRAFÍA

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[1] COLLINS, R.: La España visigoda. Barcelona, 2005, p.13

[2] COLLINS, R.: La España visigoda. Barcelona, 2005, p.10

[3] La verosimilitud de este procedimiento está siendo muy cuestionada en la actualidad.

[4] ARCE, J.: Esperando a los árabes. Madrid, 2011, p.31. La opinión de Arce sigue la expresada por Hidacio en su Crónica.

[5]La fecha exacta no parece clara, algunas fuentes sitúan el asesinato en 464.

[6] Teodorico asesina a Odoacro en un botín en el que presuntamente iban a sellar un pacto con él.

[7] La existencia de asentamientos visigodos en el sur de Madrid de finales del siglo V estudiadas por Gisela Ripoll y Vigil Escalera dan a entender la posibilidad de que o bien los visigodos se establecieran puntualmente más allá de la Tarraconese o que el contacto que tuvieron hispanorromanos y godos tras los conflictos con los suevos permitiese que copiaran modelos godos u ostrogodos en la zona de la Meseta. 

[8] CASTILLO MALDONADO, P.; “Católicos bajo dominio arriano en la Hispania Visigoda”, en GONZÁLEZ SALINERO, R. (ed.); Marginados sociales y religiosos en la Hispania tardorromana y visigoda, Salamanca 2013, p.144

[9] La Historia Gothorum de San Isidoro de Sevilla acusa a Teudis de este asesinato. Así lo recoge GONZÁLEZ SALINERO, R.; Introducción a la Hispania Visigoda, UNED, Madrid, 2017, p.47

[10] Procopio, BG, V, 13, 12-13. Citado así en ARCE, J.; Esperando a los árabes, Madrid, 2011, p.39

[11] Para mayor información acerca de la arqueología visigoda recomiendo vivamente los trabajos de A.Vigil Escalera, Cabañas de época visigoda: evidencias arquelógicas del sur de Madrid,  Madrid, 2000 y  “Nuevas perspectivas sobre la arquelogía madrileña de época visigoda” en las Actas de las primeras jornadas de Patrimonio arqueológico en la Comunidad de Madrid,  Madrid 2005 y Gisela Ripoll, “Las necrópolis visigodas. Reflexiones en torno al problema de la identificación del asentamiento visigodo en Occidente según los materiales arquelógicos” en Hispania Gothorum. San Ildefonso y el reino visigodo de Toledo, Toledo 2006.

[12] En 546 promulgó en Toledo una ley de costas procesales lo que indica que su sede se encontraba ya en esta ciudad. GONZÁLEZ SALINERO, R.; Introducción a la Hispania Visigoda, p.47

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