El controvertido origen de la Orden de Calatrava. Monjes y guerreros.

Avances y retrocesos, conquistas y reconquistas se sucedían durante la plenitud medieval en la Península Ibérica en la lucha que moros y cristianos sostenían para asentar sus reinos, engrandecerlos o, al menos, mantenerlos alejados de las ambiciones enemigas.

Mientras en Oriente la Cruzada predicada desde el púlpito por Urbano II y llevada a cabo por los ejércitos de caballeros occidentales (Godofredo de Bouillon, Raimundo de Tolosa, Roberto de Flandes, Roberto de Normandía, Gastón de Bearn o Raimundo de Tarento) recuperaba Jerusalén para mayor gloria de la Cristiandad en 1098, en Occidente, Alfonso VI había reconquistado Toledo (1085) y asentado el poder cristiano en la antigua capital del reino visigodo, el referente institucional y sentimental que los reyes hispanos pretendían restaurar derrotando al Islam invasor.

Estatua de Alfonso VI en Toledo

El conflicto entre cristianos y musulmanes impregnaba la política, las relaciones sociales y las planificaciones militares. En 1099 Godofredo de Boillón fundaba la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén con objeto de defender el sepulcro de Jesucristo con una guarnición de 50 caballeros. Ésta es reconocida como la primera y más antigua de todas las órdenes. Su Regla fue el modelo que siguieron las del Temple y San Juan de Jerusalén. Ésta última, además, incluía un voto de auxilio y socorro, de manea que sus miembros fueron conocidos como los Hospitalarios.

La Orden del Temple fue fundada por Hugo de Payns y Godofredo de Saint Omer en 1118 junto con otros siete caballeros[1] en Jerusalén, en lo que había sido el recinto del Templo de Salomón. En 1129 se celebraba el Concilio de Troyes en el que la Orden quedaba formalmente constituida. Se abandonaba la Regla de San Agustín y se tomaba la de San Benito como referencia espiritual y modelo de vida. Ésta era la Regla que seguía Bernardo de Claraval quien se convirtió en el mentor y defensor de la Orden en Europa.

Tras la celebración de este Concilio, 5 de los caballeros fundadores comenzaron a reclutar miembros para la nueva Orden alcanzando un éxito notable, de manera que la institución logró asentarse sólidamente en Alemania, Francia, Gran Bretaña y la Península Ibérica. Sucesivas bulas papales fueron otorgando prerrogativas a los Templarios y colocaron a la Orden estricta y únicamente bajo el control del Papa.

Mientras en Oriente nacían unas órdenes militares destinadas a proteger los estados latinos y fortalecer a la cristiandad, en Occidente, en la Península Ibérica, la situación política atravesaba momentos de gran complejidad y los conflictos entre los reyes cristianos y los poderes musulmanes se sucedían, propiciando continuos cambios en el control del poder y los territorios

Los almorávides habían desembarcado en la Península 1086 tras la caída de Toledo. Si bien recompusieron relativamente el poder musulmán y obtuvieron resonantes victorias frente a los cristianos, no acabaron de desposeer a los reyes de su poder. Alfonso el Batallador, Rey de Aragón, tras rendir Zaragoza en 1118 llevó a cabo un gran avance reconquistador no exento de graves conflictos con su propia esposa Urraca, Reina de León y Castilla y, posteriormente, con el hijo que ella tuvo en su primer matrimonio con Raimundo de Borgoña, el futuro Alfonso VII de León.

En una de sus últimas campañas, cuando ya había cumplido los 61 años, tratando de acabar con los últimos bastiones almorávides en el Ebro, su ejército fue atacado en Fraga. El Rey fue mortalmente herido y unos días después fallecía sin dejar heredero. En su testamento, ratificado en Sariñena en 1134, establecía como herederas de sus territorios a las Órdenes Militares del Santo Sepulcro, del Temple y del Hospital.

Esto puede dar una idea de la fortaleza que estaban llegando a alcanzar estas órdenes. La resonancia de su triunfo inicial en Oriente alcanzaba incluso al otro extremo del Mediterráneo. No obstante, cabe añadir que las noblezas de ambos reinos fueron capaces de invalidar este testamento.

El testigo en el afán conquistador lo recogió su hijastro Alfonso VII, Rey de León y Emperador de los reinos hispanos. Tras llegar a acuerdos de no agresión con los sucesores de su padrastro y proclamarse Emperador, se lanzó hacia el sur. En 1144 llegó a tomar Córdoba, aunque el triunfo fue efímero, ya que, después fue recuperada por los musulmanes. El hecho de que la antigua capital de los Omeya llegara a caer en manos infieles era una muestra de que el poder almorávide no era capaz de frenar los ataques del emperador y los musulmanes podían tener que enfrentarse a una situación similar a la vivida tras la desintegración del poder amirí a comienzos del siglo XI. Desde África un nuevo se planteó derrocar a los almorávides, recuperar el esplendor y el rigor islámico y detener el avance conquistador cristiano: los almohades. En 1146 desembarcaron en Algeciras e iniciaron una invasión del sur peninsular.

Para frenar su avance Alfonso VII reunió a Garcia Sánchez de Navarra y Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona y les propuso atacar a los nuevos invasores y recuperar Almería.

En 1147 el Papa Eugenio III realizó un llamamiento a los caballeros occidentales para que acudieran a apoyar al Emperador Alfonso VII. Además de los mencionados, acudieron a la llamada el conde de Montpellier y Génova y Pisa que prestaron su apoyo en la empresa cristiana enviando barcos y tropas. La intervención del Papa convertía la guerra en la península un una verdadera de Cruzada.

El Temple, debido a su obediencia al papado y a pesar de las dudas que podían plantearse en el desempeño de sus funciones tras la negativa de los señores de Aragón y Navarra de entregar sus reinos tal y como ordenaba el testamento del Batallador, debía participar en esa misión por lo que los maestres de Aragón y Castilla enviaron numerosos caballeros templarios a combatir a los almohades.

En enero de 1147 el Conde Manrique de Lara, tenente de Madrid, Avila, Toledo y Medina, conquistó Calatrava[2]. Este territorio se convertirá en pieza clave de la retaguardia del cuerpo de ejército cristiano que avanzó hacia el Sudeste en dirección a Baeza y Almería.  Una vez tomada la fortaleza de Calatrava la Vieja, el Emperador Alfonso VII hizo donación de ella al arzobispo de Toledo quien, posteriormente, se la entregó a Armengol de Urgel, yerno de Pedro Ansúrez. Así lo relata un diploma del Monasterio de Retuerta[3].

Pero la tenencia de Calatrava pronto cambiaría de manos.

No está claro en qué momento fueron cedidas la fortaleza y la villa de Calatrava al Temple para su defensa y para salvaguardar el camino entre Córdoba, reconquistada por los musulmanes, y el gran objetivo almohade, la anhelada Toledo que Alfonso VI había recuperado para la cristiandad en 1085.

El Campo de Calatrava se convirtió en territorio asolado por las razzias donde los almohades de Sevilla y los últimos almorávides que resistían en el reino de Toledo hostigaban a los cristianos en la línea del Guadiana. Los templarios fueron requeridos para mantener la posición cristiana. Esta fortaleza con nombre árabe, que podría entenderse como “fuerte en una llanura elevada”, o, según otras traducciones, “fuerte de las ganancias” fue defendida con éxito por los Templarios durante 8 años según la Chronica de Rades.

También sabemos, porque está convenientemente documentado, que fue en 1157 cuando los templarios decidieron abandonar Calatrava. Si la crónica de Rades nos dice que el Temple permaneció allí 8 años y la fortaleza fue abandonada por ellos en 1157, podemos concluir que fue en el año 1150 cuando el Temple asumió su control. En la crónica de Alfonso VII que he consultado sólo he podido encontrar referencias a documentación que atañe a donaciones a iglesias y concesión de inmunidades[4], pero nada referente a la fecha de entrega de Calatrava al Temple ni a cómo se produjo.

Fortaleza de Calatrava La Nueva

Cabe pensar que Armengol de Urgel o algún sucesor suyo mantuviera en su poder la fortaleza durante los dos o tres años previos a la entrega al Temple, desde 1147 hasta 1150.

Pero la muerte de Alfonso VII en 1157, tras el fracaso que supuso no poder recuperar Almería tras la reconquista para el Islam llevada a cabo por los ejércitos de Al Mu´min, estimuló a los almohades que, ante la debilidad cristiana encarnada en la nueva división de los reinos de León (Fernando II) y Castilla (Sancho III), encontraban la ocasión idónea de recuperar el territorio del Campo de Calatrava y avanzar hacia Toledo.

Si seguimos el relato de Jiménez de Rada[5], podemos elaborar una crónica de lo que ocurrió en Calatrava a partir de este momento.

 Afirma que el Maestre del Temple convencido de no poder defender el castillo acudió al nuevo rey, Sancho III, para entregarle Calatrava, situación que el rey castellano aceptó. Era tal la magnitud de la amenaza almohade que la gran Orden de Monjes-Guerreros, los legendarios caballeros que nunca abandonaban el campo de batalla hasta entregar la última gota de su sangre no se sintió capaz de resistir al empuje musulmán y abandonó la misión que se les había encomendado dejando el territorio manchego desprotegido.

El rey castellano, atribulado por un ambiente de cuasi guerra con su hermano Fernando de León, que tan sólo su hermanastra Sancha conseguía enfriar, ofrecía entregar en juro de heredad la fortaleza y sus territorios adyacentes a quien se comprometiera a defenderla. Sancho III no quiso desviar tropas ante el presumible conflicto fratricida y se dispuso a atacar León. Una vez más, como tantas otras en la Edad Media, la lucha entre cristianos, las ambiciones personales de los reyes se anteponían a la defensa de los territorios recuperados a los musulmanes y se corría el peligro de perder lo que tanto había costado recuperar, la capital del reino de Toledo.

 Tal era el grado de temor que inspiraba el ejército musulmán que ningún noble accedió a tomar en consideración la propuesta real. Fueron Raymundo, el Abad del Monasterio de Santa María de Fitero perteneciente a la Orden del Císter, acompañado de fray Diego de Velázquez, de noble linaje y también perteneciente a dicha Orden, quienes se ofrecieron a defender Calatrava a cambio de recibir sus territorios como donación real. Así en 1158[6] Raymundo de Fitero tomaba posesión de la villa de Calatrava con todos sus montes, tierras, aguas, prados, pastos, entradas, salidas y todos sus derechos, con el compromiso de defenderla de los Paganos enemigos de la Cruz de Cristo[7].

La figura de Diego de Velázquez clérigo de noble linaje, muestra la doble característica de los miembros de las órdenes militares (o de caballería, como se conocerán también en España); monjes al servicio de Dios, caballeros de alcurnia en lucha contra el Islam. Estas dos características son las que definirían a los freires o freiles. Innegables las similitudes con aquellos caballeros que, ciento cincuenta años antes, en Jerusalén, tomaron la cruz y la espada para servir a su Dios.

El Abad Rodrigo y el monje Diego Velázquez trasladaron al Rey la opinión de cuan conveniente podría resultar la fundación una Orden de Cauallería en Calatrava. Con la aprobación de Sancho III acudieron a Toledo a solicitar ayuda del arzobispo, quien les entregó el dinero que les permitió proveerse de armas y caballos y organizar la defensa de la fortaleza. Además, otorgó indulgencias a todos aquellos que acudieran a defender Calatrava del Islam. Algunas crónicas, presumiblemente exageradas, hablan de que se alcanzaron los 20.000 defensores.

Sancho III en una Imagen del Comendio de crónicas de reyes (Biblioteca Nacional)

El perdón divino de los pecados que ya ofreció Urbano II en la Primera Cruzada a Oriente, era el anhelo que henchía el corazón de los cruzados. Era ahora el Primado de España quien recurría a la indulgencia para formar un ejército que impidiera que los almohades recuperaran lo perdido por los reyes de las Taifas y por los almorávides. El mismo argumentario utilizado para reconquistar Jerusalén se practicaba en Castilla para defenderse del Moro.

El ataque almohade nunca se produjo. Los generales africanos advertidos de las buenas defensas de la fortaleza y de los refuerzos que Calatrava había recibido desestimaron el ataque final.

Tras esta “victoria” Diego y Raymundo tomaron los hábitos para seguir la Regla de San Bernardo (la del Císter) aunque limitaron algunas de sus exigencias eclesiásticas. El abad regresó a Fitero y reclutó hombres para repoblar el territorio asignado a la Orden, trabajarlo y defenderlo.

Este relato ha sido el comúnmente aceptado por la historiografía Moderna, pero presenta aspectos de muy dudosa credibilidad. Estas apreciaciones han sido expuestas por especialistas[8], algunas de las cuales aparecen también en la gran obra de Carlos de Ayala Martínez sobre las órdenes hispánicas medievales[9].

En primer lugar, no parece muy verosímil que la Orden del Temple decidiera abandonar unilateralmente un enclave ante la amenaza de un ejercito enemigo. Un ejército que, conviene recordar, abandonó la idea del ataque a Calatrava cuando conoció los refuerzos de los defensores. Tal vez no fuera una amenaza tan descomunal. Pero si llegamos a aceptar como cierta esa posibilidad, parece aún más difícil que el Rey de Castilla admitiera tal hecho sin apenas oponerse a la decisión tomada por la Orden. También parece poco probable que el monarca planteara la donación de la fortaleza como la entrega de un “premio” al vencedor de una especie de concurso de aspirantes.

Aceptar que el abad de un monasterio cisterciense fronterizo con Navarra pasase por allí en el momento oportuno, acompañado de un monje de alto linaje que le pudiera convencer de las excelencias que propiciaría hacerse con el control de Calatrava, parece una casualidad excesiva.   

La realidad de la situación política y religiosa de León y Castilla apunta a otro desenlace.

Tras la muerte del Emperador Alfonso VII, Castilla y León volvieron a separarse, Sancho III reinaría en Castilla y Fernando II en León, tal y como ocurrió tras la muerte de Fernando I con la división entre sus hijos Alfonso VI y Sancho II. Alfonso VII siguió el proceder de su bisabuelo y el resultado fue similar al obtenido entonces. Las disputas entre los dos hermanos no acabaron en una guerra total gracias a la intervención de Sancha, la hermana de ambos reyes.

Sancho III no aceptó perder los privilegios que debía recibir como primogénito del Emperador. Exigió vasallaje a su tío Ramón Berenguer IV de Barcelona y a su cuñado Sancho VI, Rey de Navarra. Atacó a su propio hermano en sus territorios de León arrebatándole importantes territorios fronterizos. Pero su reinado fue breve, de poco más de un año. Es difícil imaginar hasta donde hubiera tensado Sancho las relaciones con el resto de los reinos peninsulares para hacer valer su condición de primogénito del Emperador.

Semejante contexto político y semejante personalidad hacen muy difícil creer que el Rey de Castilla se conformara fácilmente con el abandono por parte del Temple[10] y contemplara desde la distancia como su retaguardia quedaba al descubierto mientras él iba a atacar León.

No existen registros de que el Temple hubiera realizado una importante labor repobladora en la zona de Calatrava ni que su influencia se hubiera dejado sentir de manera significativa en esas tierras. Una Orden nacida en Jerusalén que creció de manera significativa en Francia podría no estar suficientemente empapada del espíritu propiamente hispano que la recuperación del reino visigodo de Toledo demandaba y que a mediados del siglo XI ya había reunido en alianza contra los almorávides, primero, y los almohades, después, a los reyes de León y Castilla, Navarra, Aragón y al Conde de Barcelona. Por otra parte, el prestigio del Temple hubiera quedado seriamente dañado si verdaderamente hubieran abandonado su posición.

Ni siquiera el posible rencor (que no debió existir, ya que no hay signos de graves controversias respecto a la herencia del Batallador) que pudieran acumular los templarios a causa de la imposibilidad de cobrarse la herencia que les cedió Alfonso I de Aragón en 1134 puede aceptarse como un contra argumento a lo que hubiera supuesto la defección en Calatrava.

Más bien parece que el Temple fue convenientemente sustituido por unos monjes acostumbrados a la vida en la frontera. Santa María de Fitero se encontraba en la frontera entre Navarra y La Rioja en una zona de tradicionales tensiones tanto entre cristianos y musulmanes en los siglos IX y X como, posteriormente, entre castellanos y navarros. No debemos pensar que la gran Orden de caballeros monjes de la cristiandad fue sustituida por unos humildes monjes cistercienses. Y en este punto cobra especial relevancia la figura de Diego Velázquez, el monje que acompañaba al abad Raimundo de Fitero.

Este monje, definido como de noble linaje, no era un monje cualquiera. Nacido en la comarca burgalesa de la Bureba, en el corazón de las tierras de Castilla, se había criado junto al Rey Sancho, era de linaje nobiliario y había sido formado en el arte de las armas. Fue, por tanto, guerrero antes que monje. No parece probable que fuera un capricho del destino lo que llevara a dos monjes cistercienses ante el Rey a solicitar la tenencia de la fortaleza. Es mucho más realista plantear la hipótesis de que un antiguo camarada del Rey y el abad de un importante y activo convento cisterciense del norte de la península fueran los encargados por Sancho III para ocuparse de la fortaleza de Calatrava.

No existen referencias claras de como se produjo esta comunicación o el encuentro entre los monjes y el Rey[11]. Pero hay una fecha que cuadra en todo este proceso. En noviembre de 1157 el Rey de Navarra Sancho VI acudió a Soria para prestar vasallaje a Sancho. A su vez éste recompensaba a su cuñado (Sancho VI era hermano de Blanca de Navarrra la esposa de Sancho III de Castilla y madre de Alfonso VIII que precisamente murió tras dar a luz a su hijo) con la devolución de determinados enclaves castellanos situados en el terreno navarro junto al rio Arga, concretamente Artajona, Larraga y Cebror[12]. No parece descabellado pensar que en aquellos momentos el abad de Fitero, monasterio ubicado en zona fronteriza entre Castilla y Navarra estuviera en contacto con el Rey participando en aquellas negociaciones para la entrega de unos territorios que tanto podían afectar a su demarcación.

Pero al igual que no hay conocimiento fehaciente de como se puso en contacto Sancho III con el Abad y su compañero el monje Diego Velazquez, tampoco hay constancia de la “subasta” de Calatrava.

Lo que sí aparece como plenamente documentado es el hecho de que en Almazán en enero de 1158, el Rey Sancho le dona la villa de Calatrava la Vieja a Raymundo de Fitero y sus monjes para que la tengáis y la poseáis horra, libre y pacífica por juro de heredad desde ahora para siempre y la defendáis de los paganos enemigos de la Cruz de Cristo[13].

De esta forma los monjes se convierten en guerreros, en soldados y nace una verdadera milicia cisterciense que es el embrión de la Orden de Calatrava.

Sancho III optó por castellanizar la defensa de la fortaleza sin perder el espíritu cruzado del Temple y apoyándose en la dualidad entre oratores y bellatores que se desarrollaba en el seno de la Orden del Cister, a la que pertenecía Fitero y de la que formaron parte Calixto II, tío de su padre Alfonso VII y Eugenio III, quien predicó la cruzada contra Almería e inspiró la Segunda Cruzada a Oriente tras la caída de Edesa en 1145.

Monasterio de Fitero

El Papa concedió la Bula de Aprobación en 1164. La Orden se jerarquizó y se organizó en diversas encomiendas (gobernadas por el Comendador) que defendieron las líneas de frontera y se convirtieron en la verdadera retaguardia cristiana al Norte de Sierra Morena. Se copiaba el modelo de los Teutónicos en el Báltico que darían origen después a Prusia y de los Templarios en Tierra Santa.

La tremenda derrota cristiana en la Batalla de Alarcos en 1195 supuso el abandono de Calatrava la Vieja. Los caballeros de Calatrava consiguieron mantener su presencia en el castillo de Salvatierra. Frente a él se fundó Calatrava la Nueva con el objetivo de convertirla en la nueva Casa Madre de la Orden. Este fue el único enclave cristiano capaz de resistir los ataques de los almohades de Yusuf II hasta la decisiva derrota almohade en la Batalla de Las Navas de Tolosa en 1212.

Los caballeros de la Orden hicieron honor a la reputación de valerosos soldados que habían logrado con su actuación resistiendo al empuje musulmán durante la segunda mitad del siglo XII. Así lo relató Rodrigo Jiménez de Rada refiriéndose a los maestres del Temple y Calatrava: Estos fueron los primeros que fundieron, ante el Nuevo Testamento, tomando la enseña de la cruz, el boato del orgullo militar con el vínculo de la caridad y la religión, sin menoscabo de su bravura[14].

Los monjes cistercienses de Calatrava se convirtieron en caballeros cruzados, el proceso inverso seguido por aquellos caballeros cruzados que fundaron el Temple y que después se convirtieron en monjes-soldados. Calatrava sustituyo al Temple y su cometido inicial fue defender la cristiandad de los almohades, más allá del cumplimiento de la Regla cisterciense.

Sancho III evitó que una gran Orden obediente exclusivamente al Papa que en ese momento miraba especialmente a Oriente y a los complicados acontecimientos que producían en Damasco, Edesa, Ascalón y Egipto, fuera la garante de la protección de la última gran fortaleza que podía defender el camino a Toledo.

Calatrava es la primera Milicia Castellana y en la Escritura de Donación, el Rey no escondía el objetivo, proteger y defender su territorio de los enemigos de la Cruz. Los monjes cumplieron su misión.




[1] La Chronica de la Orden y Caualleria de Calatrava de Francisco de RADES se refiere a ellos como Hugo de Campanis y don Ganfredo y afirma que el Temple se fundó en 1096.

[2] RECUERO ASTRAY, M., Alfonso VII, Emperador. El imperio hispánico en el siglo XII; pp. 171-177 y 224-225. León, 1979. Este libro pertenece a la colección “Fuentes y estudios de historia leonesa” patrocinada por La Caja de Ahorros y Monte de Piedad de León y el Archivo Histórico Diocesano de León.

[3] MARTINEZ DIEZ, G., “Los templarios en la Corona de Castilla”

[4] RECUERO ASTRAY, M., Alfonso VII, Emperador…pp.228-229

[5] JIMENEZ DE RADA, R. (El Toledano), De rebus Hispaniae

[6] La fecha de la Donación que aparece en la Chronica es la Era de MCXCVI, es decir 1196. A esta fecha hay que restar los 38 años correspondientes a la fecha de la conquista de Hispania  por Augusto que es lo que marca la diferencia con la cronología desde el año I d.c.

[7] La Chronica de la Orden y Caualleria de Calatrava…Así aparece la Donación por parte del rey en la página 6.

[8] Autores estudiosos de Calatrava donde encontrar información: Cristina Monterde, J.F. O´Callaghan, Theresa M. Vann, F.R. Pascual, Luis R. Villegas, Rodriguez Picavea Matilla, E., Solano Ruiz, E. y Torres Jiménez, E.

[9] AYALA MÁRTINEZ, C.; Las órdenes militares hispánicas en la Edad Media (siglos XII-XV). Madrid 2007

[10] No obstante Carlos de Ayala indica que no hubiera sido el primer caso. Ramón Berenguer III de Barcelona ya había tenido previamente problemas con la actitud del Temple en la fortaleza de Grañena. Las órdenes…, p.69

[11] La crónica de Jiménez de Rada no parece contemplar una secuencia de los acontecimientos que sea lógica. No se puede acreditar la existencia de una reunión en Toledo. Para este argumento: THERESA M. VANN; “A new look of the foundation of the Order of Calatrava”, p.p.99-100 en Kagay, D.J. y Vann, T. (eds.) On the Social origins of Medieva Institutions. Essays in honour of Josheph F. O´Callaghan, 1998

[12] ÁLVAREZ PALENZUELA, V.A.; Historia de España en la Edad Media, p.369. Barcelona, 2011

[13] Este es el texto de la donación que he extraído de ÁLVAREZ DE ARAUJO Y CUÉLLAR, A.; recopilación HISTÓRICA DE LAS CUATRO Órdenes Militares de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa. Madrid 1866.

[14]. El texto lo he encontrado en un Atlas Histórico Medieval de la UNED obra de ECHEVARRÍA ARSUAGA, A. y RODRIGUEZ GARCÍA, J.M., Atlas histórico de la Edad Media. Madrid 2010 y corresponde a la obra de JIMENEZ DE RADA, R., Historia de los hechos de España, Madrid 1989; Libro VIII, cap. V, pp. 312-332

                                                BIBLIOGRAFÍA

  • AYALA MARTÍNEZ, C.; Las órdenes militares hispánicas en la Edad Media, Madrid, 2007
  • CORCHADO SORIANO, M., La Orden de Calatrava y su campo. Instituto de Estudios Manchegos, Ciudad Real, 1984, pp. 174-197
  • ECHEVARRÍA ARSUAGA, A. y RODRIGUEZ GARCÍA, J.M., Atlas histórico de la Edad Media. Madrid 2010
  • FERNANDEZ IZQUIERDO, F., “Los comendadores de Calatrava en los territorios de Zorita, Andalucía, Aragón y Valencia. 1550-1630. En F. FERNÁNDEZ, I.C. (coord.) Actas do V encontró sobre Ordens Militares. Palmela, 2009
  • FERNANDEZ IZQUIERDO, F., “Los caballeros militares en su territorio: Los comendadores en el Campo de Calatrava entre 1550 y 1630”. En Actas del Congreso itinerante Tierra del Quijote, Tierra de órdenes militares, 2005, pp. 93-152.
  • JIMÉNEZ DE RADA, R., Historia de los hechos de España, Madrid 1989, Libro VIII. Cap. V.
  • MARTÍNEZ DIEZ, G., Los templarios en la Corona de Castilla. Burgos, 1993.
  • POSTIGO CASTELLANOS, E., “Las tres ilustres órdenes y religiosas caballerías instituidas por los reyes de Castilla y León: Santiago, Calatrava y Alcántara”. Studia Histórica, Historia Moderna, 24. Salamanca 2002, pp. 55-72.
  • RADES, Francisco de, Chronica de la Orden y Caualleria de Calatrava. Reproducción editada en Valencia en 1994 de la obra impresa por Juan de Ayala en 1572.
  • RECUERO ASTRAY, M., Alfonso VII, Emperador. El imperio hispánico en el siglo XII; León, 1979. Este libro pertenece a la colección “Fuentes y estudios de historia leonesa” patrocinada por La Caja de Ahorros y Monte de Piedad de León y el Archivo Histórico Diocesano de León. pp. 171-177 ; 224-225 y 228-229
  • VANN, T.M.; “A new look of the foundation of the order of Calatrava” en Kagay, D.J. y Vann, T. (eds.) On the Social origins of Medieva Institutions. Essays in honour of Josheph F. O´Callaghan, 1998

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