Segunda Guerra Mundial. Gran Bretaña resiste en solitario

Gran Bretaña se queda sola.

Tras las invasiones alemanas de Dinamarca y Noruega, el primer ministro inglés Neville Chamberlain presentaba la dimisión al contemplar el fracaso de su política de apaciguamiento y asumir la responsabilidad de las derrotas sufridas en los países nórdicos. La dirección del Partido Conservador elegía a Winston Churchill como su sucesor, quien, paradójicamente, en su cargo de Lord del Almirantazgo había sido el máximo responsable del fracaso en Noruega, como él mismo reconocería después de la guerra. La tarde del 10 de mayo de 1940, en el palacio de Buckingham, el rey Jorge nombraba a Churchill Primer Ministro. Al recibir la felicitación de su guardaespaldas el nuevo premier británico respondía, espero que no sea demasiado tarde[1].

La reflexión de Churchill indica hasta qué punto peligraba la libertad y la independencia del occidente europeo. La ofensiva alemana en el Oeste estaba a punto de dar comienzo.

El día 14 de mayo Rotterdam sufría un terrible bombardeo, los Países Bajos se rendían y el Cuerpo Expedicionario Británico (BEF) en Bélgica se encontraba con la Wermacht a su retaguardia. Los alemanes abrieron la línea del frente en Sedán y Reynaud, el primer ministro francés, comunicaba a Churchill que Francia iba a ser derrotada y tenía que rendirse mientras Rommel y Guderian dirigían a las divisiones Panzer y a la infantería mecanizada hacia el Sur. Churchill volaba a París para tratar de convencer a Reynaud de que siguiera luchando. El francés solicitó 10 escuadrones más de la RAF a Churchill, quien empeñado en que Gran Bretaña no quedara como el único bastión frente a Hitler, se comprometió a enviar.

La Wermacht rompía la Línea Maginot el 17 de mayo y ni franceses ni ingleses, mal coordinados, conseguían detener su avance. Una semana después, ante el desmoronamiento de las fuerzas expedicionarias y la incapacidad de resistir por parte del ejército francés, el ministro de Exteriores, Antony Eden, comunicaba a Lord Gort, comandante de la BEF, que la seguridad de las tropas era ahora la prioridad ante la posibilidad de que Gran Bretaña tuviera que seguir luchando en solitario.

No eran pocas las voces que en ambos países solicitaban un armisticio. Lord Halifax, con abundantes apoyos entre los conservadores, planteaba una mediación de Mussolini para conocer las condiciones en que pudiera alcanzarse ese acuerdo. Churchill quien había conseguido la promesa del primer ministro francés de que no se rendirían sin acordarlo previamente con los británicos, escuchaba ahora de boca del propio Reynaud que existía la posibilidad de que él fuera sustituido y su sucesor sí que firmara un armisticio. El 27 de mayo el Rey Leopoldo rendía Bélgica, el gobierno francés le acusaba de traición, pero los capitulards, los derrotistas franceses, veían en este acto un posible chivo expiatorio para justificar una rendición. Durante las reuniones mantenidas por los gabinetes de guerra aliados, el general francés Weygand comenzó a responsabilizar al Reino Unido de la situación, por la retirada de la BEF y por no cumplir la promesa de enviar 10 escuadrones más de la RAF.

Gran Bretaña tendría que seguir en solitario. Churchill había impuesto su tesis de continuar la lucha, indirectamente ayudado por Mussolini, cuando este mostró su verdadera cara declarando la guerra a Francia y Gan Bretaña y acabó con la teoría de Hallifax de la mediación. El Primer Ministro que en su discurso sólo podía ofrecer sangre, sudor, lágrimas y sufrimiento tenía ahora que ocuparse de mantener viva la oposición del mundo libre a Hitler.

Pero para ello necesitaba recuperar a su ejército que esperaba a ser repatriado en las playas de Dunquerque. Hitler había ordenado a Göring que fuera la Luftwaffe la encargada de acabar con las tropas aliadas en las playas para no perder divisiones del ejército de tierra de cara a su anhelada toma de París. En el aire se desató una batalla entre la RAF, que trataba de proteger a la BEF, y los aviones de Göring encargados de aniquilarla. Los británicos lograron mantener el tipo ante la, que se presumía, superioridad alemana y el resultado fue que la Royal Navy apoyada por mercantes, barcos de viajeros y pequeñas embarcaciones de recreo, lograba evacuar de las playas de Dunquerque a más de 200.000 soldados británicos y más de 50.000 franceses y belgas.

La situación se convertía en endiablada; los aliados tomaban caminos divergentes. Mientras el joven general De Gaulle con el apoyo de Raynaud propugnaba, incluso, un único estado formado por Gran Bretaña y Francia con un solo gabinete de guerra que se mantuviera firme frente a Hitler, la mayoría del consejo de ministros francés tomaba esta opción con desdén y repulsa[2].

De Gaulle volaba a Londres y en una alocución a través de la BBC admitía la derrota francesa, pero llamaba a las armas reconociendo que habían perdido una batalla, pero no la guerra. El día 16 Reynaud presentaba su renuncia y el 17 se formaba el gobierno que después sería de Vichy encabezado por Petain, Laval y Darlan. El 22 de junio firmaban la rendición de Francia en el vagón de Compiegne.

Churchill trataba de conseguir que los Estados Unidos entraran en guerra. El Senado norteamericano se negaba a enviar a su ejército a luchar en Europa, especialmente cuando recibía noticias de las discrepancias en los gobiernos ante la disyuntiva de rendirse o seguir luchando. El embajador estadounidense en Londres, Kennedy, envió un cable a Roosevelt en el que afirmaba que si el pueblo británico conociera lo desesperado de la situación no estaría nada claro por qué opción se decantaría, si por seguir luchando o por forzar un acuerdo de paz. El “milagro de Dunquerque” pese a poder ser considerado un éxito, no dejaba de ser una derrota y Roosevelt no encontraba argumentos que pudieran convencer a senadores y congresistas para enviar soldados a Europa y enviar destructores para proteger el Atlántico oriental.

Los franceses ya pensaban que era mejor que Gran Bretaña se rindiera y Alemania dejara de exigirles pagar las indemnizaciones de guerra, estancias de soldados, etc. y volver a una vida normal. Hitler era consciente de las disputas que existían en los gabinetes aliados y pensaba que finalmente conseguiría llegar a un acuerdo de Paz con Gran Bretaña ayudado por la presión de los pacifistas. Para aumentar las discrepancias, el Führer difundió la amenaza de la posible invasión de la isla. Para llevar a cabo esta operación serían imprescindibles dos cosas, la primera de ellas era que la marina alemana estuviera en condiciones de transportar y proteger al ejército invasor; para ello sería muy conveniente contar con los barcos de guerra franceses más aún cuando la Kriegsmarine alemana había sufrido importantes pérdidas meses antes en Noruega.

La otra necesidad fundamental era impedir que la RAF pudiera defender el Canal de la Mancha destruyendo desde el aire los barcos que realizaban la travesía previa al desembarco.

Churchill tenía que impedir que la flota francesa cayera en manos nazis mientras que Hitler trataría de impedir la entrega por parte de los almirantes franceses de los barcos a Gran Bretaña; en su ánimo estaba distanciar y separar a británicos y franceses y conseguir que Churchill claudicara una vez que se encontrara solo y sin ayuda de los Estados Unidos.

Pero en el ánimo de Churchill no estaba pactar un armisticio. El 3 de julio los barcos franceses anclados en el sur de Inglaterra eran tomados por grupos de asalto británicos y en Alejandría la escuadra francesa era bloqueada por el almirante Cunningham. Sin embargo, en Mes-el-Kéfir, cerca de Orán, el almirante francés Genol se negaba a entregar los barcos de su flota al capitán Hollande. Tras horas de negociaciones infructuosas el Hood, el Valían y el Resolución, abrían fuego haciendo estallar al Bretaña y causando serios daños al Dunkerque y al Provenle

Ataque ingles en Mers el Kebir (abc.com)

El Primer Ministro inglés acababa de mostrar a sus compatriotas y al mundo entero su inquebrantable voluntad de seguir resistiendo a la amenaza nazi. Pétain y el gobierno de Vichy rompían relaciones con Londres, pero no eran capaces de declararle la guerra. Hitler pareció entender que los británicos no se rendirían, lo que colmó su paciencia. El 19 de julio pronuncia un discurso en el Teatro de la Opera de Kroll acusando a Churchill de belicista y hace un “llamamiento a la razón”. Churchill lo rechazó.

Tras varias reuniones con el Estado Mayor promulgó la Directiva 16 que contemplaba la invasión de Gran Bretaña en el marco de la llamada Operación León marino (Unternehmen seelöwe). Tras las deliberaciones con el ejército y la marina, la fecha límite que se estableció para iniciar la invasión fue el 15 de septiembre. Quedaban dos meses por delante para acabar con la RAF y tener el dominio aéreo del Canal, lo que sería imprescindible para evitar que la Royal Navy defendiera la costa inglesa con eficacia.

La estrategia seguida por Berlín hasta entonces había funcionado. Churchill no logró mantener a Francia en la guerra y ni siquiera lograba la unanimidad entre sus conciudadanos. Hitler pudo haber ensanchado la brecha entre unos y otros golpeando en territorios asequibles; la armada le planteó expulsar a los británicos del Mediterráneo atacando Gibraltar a través de España y el Canal de Suez desde Libia, podía atacar Egipto, Oriente Medio o invadir Malta, lo que hubiera desarrollado graves diferencias de criterio en el gabinete ante la necesidad de defender las colonias. Pero Hitler optó por atacar el corazón del Imperio y, por fin, Churchill utilizando la amenaza de la invasión como elemento aglutinador, consiguió unificar a su pueblo[3].

La defensa de la isla

Hitler asumió los postulados de la Kriegsmarine que informó de las dificultades para alcanzar el éxito y mantener después el tráfico de pertrechos y refuerzos por el Canal[4]. Resultaba imprescindible la inutilización de la RAF para llevar a cabo el desembarco. La Wermacht también consideraba que la operación era sumamente arriesgada sin el dominio del espacio aéreo.

El objetivo entonces sería destrozar los aeródromos, bases de la RAF, estaciones de RADAR, fábricas de armamento y puertos con objeto de dejar Gran Bretaña indefensa, forzar su capitulación y evitar una guerra en dos frentes que facilitara la invasión de Rusia.  Los británicos podrían llegar a claudicar sin necesidad de llevar a cabo la invasión si se veían indefensos y aislados del resto de Occidente. Quebrar su resistencia y destrozar su primera línea de defensa facilitaría, sin duda, la labor.

Ante las reticencias de la Kriegsmarine y la Wermacht fue la más joven de las tres armas de las fuerzas armadas alemanas, la aviación, la encargada de llevar a cabo la misión. Göring asumió el compromiso de que la Luftwaffe acabaría con la RAF en pocas semanas (en cuatro días comentan algunos autores que se atrevió a decir). Tras no haber sido capaz de cumplir su cometido en Dunquerque, el mariscal Göring veía la oportunidad de resarcirse rápidamente. Sin embargo, los análisis hablan de que su punto de vista era en exceso optimista. Tras las campañas de Noruega y Francia había perdido 1.284 aviones y no tenía capacidad de eliminar de manera inmediata a la RAF pese a que los británicos estaban en inferioridad.

Göring contaba con 656 cazas Me-109, 168 cazas bimotores Me-110; 669 bombarderos Dornier, Heinkel y Junker 88, y, 316 Stuka bombarderos que atacaban en picado sembrando el pánico y que habían sido probados con éxito en la Guerra Civil española. Los bombarderos y cazas más pesados se situaron en Bélgica y el norte de Francia; el Generalfeldmarshall  Kesserling dirigiría desde Bruselas a la Luftflotte 2 y desplegó frente a Dover los cazas Bf 109. La Luftfoltte 3 tendría su cuartel General en París bajo el mando de Hugo Speerle y estableció sus aeródromos fundamentalmente en Normandía y Bretaña. Por último, el General Stumpff dirigiría a la Luftflotte 5 que operaría desde Noruega.

Los encargados de destruir las bases de la RAF, sus aeródromos y el mayor número posible de aviones en tierra eran los bombarderos de Göring, los Junker 87 B, los Stuka, que tenían una autonomía de vuelo de 1.200 km. y alcanzaban una velocidad de 370 km/h. Cargaban una potente bomba de 250 o 500 kg. y otras cuatro de 50 kg. que llevaban bajo las alas. Más rápidos eran los Junker 88 que alcanzaban los 450 km/h. con una autonomía de 2.300 km. y una capacidad de carga de bombas de 2.250 kilos. Estos modelos únicamente portaban tres ametralladoras para su defensa. Por eso necesitaban de la escolta de los cazas. Mayor protección llevaban los Dornier 17 y los Heinkel 111 que podían montar hasta 6 ametralladoras de calibre 7,0 mm. y un cañon de 20 mm. Sin embargo, su capacidad de carga era inferior a la del Junker 88.

Los dos tipos de cazas que protegían a los bombarderos eran el Messerchmitt 109 E (Bf109) armado con dos ametralladoras y dos cañones y el Messerchmitt 110 Zerstörer (Bf110) que disponía de 5 ametralladoras y dos cañones. Su velocidad máxima, impulsados por motores Daimler-Benz, se situaba entre los 540 y los 565 km/h. y su autonomía era de 640 km. en el caso del Bf109 y de entre 1.000 y 1.200 en el Bf110.

El escocés Hugh Dowding conocido como “Stuffy” era el comandante del Mando de Cazas de la RAF, quien por tanto habría de responder a la amenaza de Göring y su Luftwaffe.

Hugh Dowdig (Wikipedia)

 Fue sin duda el gran protagonista de la defensa de Gran Bretaña. A pesar de su logro su difícil carácter hizo que contara con pocos amigos y apoyos en el mando aéreo. Hombre de pocas palabras, arisco y huraño, no se mordía la lengua para defender sus posiciones. Tuvo serias diferencias con Churchill cuando el primer ministro prometió los 10 escuadrones a Francia. Dowding aseguraba que los aviones serían necesarios para proteger la nación en el caso de una derrota en Francia. Newall, el Jefe de Estado Mayor del Aire, pese a estar también enfrentado con Dowding, tuvo que convencer a Churchill de que sólo enviara 4 escuadrones a Francia aproximando su posición a la del comandante del Fighter Commander. La situación era sumamente complicada. La sensación de derrota en Francia se extendía y Churchill no quería dar pie a que los franceses utilizaran su negativa a enviar más aviones como argumento de su derrota. No iba desencaminado, ya que ese fue uno de los motivos exhibidos por los derrotistas franceses.

Dowding no se fiaba ni de Chrurchill ni del Air Council de manera que escribió una carta comunicando las necesidades de defensa aérea y exponiendo su punto de vista. Manifestaba claramente que necesitaba 52 escuadrones para defender al país y sólo contaba con 36. Trataba de hacer ver que por muy importante que fuera la lucha en Francia, Gran Bretaña necesitaba un número mínimo de unidades para poder repeler una agresión y plantear una guerra en solitario frente a los alemanes durante un tiempo que tampoco podría ser ilimitado.

Churchill, en su obra La Segunda Guerra Mundial, dedica bastantes líneas a esta polémica. En ocasiones parece tratar de justificar su postura respecto a la guerra en Francia y el envío de los escuadrones, incluso dice que eran sólo 25 los que Dowding le había comunicado que eran necesarios[5]. Churchill reconoce que su decisión era tomada a pesar de la opinión de Dowding. Por tanto, parece que la carta del escocés tenía una cierta justificación. Para comprender hasta qué punto el comandante del Fighter Command resultaba incómodo a sus superiores, basta decir que su nombre no aparece en la Historia Oficial de la Batalla de Inglaterra, obra que vendió 6 millones de copias.

Desde el punto de vista de Dowding, para el Reino Unido fue un verdadero alivio la rendición de Francia. Ahora podría disponer de más elementos para la defensa de la isla.

Dowding estableció cuatro puntos básicos para la defensa: los “polluelos” como él denominaba a sus pilotos de caza; la capacidad de mantener la producción de aviones de manera que la RAF recibiera unos 1.000 mensuales; la eficacia de un nuevo y moderno sistema de defensa ideado por él y, por último, que su estrategia de utilizar pocos cazas en cada uno de los enfrentamientos con los alemanes diera resultado.

Disponía solo de 700 Spitfire y Hurricanes[6] y 1250 pilotos con mucha menos experiencia que los alemanes, aunque con un espíritu y una capacidad de trabajo encomiables. La nómina de pilotos de la RAF fue aumentando hasta llegar a 1.727[7]  gracias a la incorporación de pilotos polacos, checos, australianos, neozelandeses, canadienses, irlandeses, franceses, sudafricanos, rodesianos, norteamericanos y un jamaicano[8]. Inicialmente Dowding y los mandos de la RAF se mostraron reticentes a incorporar a los europeos del Este a los escuadrones. Consideraban que eran de inferior categoría además de ser individualistas y poco receptivos con los mandos. Pero la necesidad obligó a olvidar las reticencias y se formaron 2 escuadrones compuestos de polacos y otros dos de pilotos checos.

El Escuadrón 303 ubicado a 20 kilómetros de Londres fue uno de los más involucrados en los combates y estaba íntegramente compuesto por polacos. El 5 de septiembre derribó a 8 aviones enemigos. Un jefe de otro escuadrón de la RAF exclamó: “Son fantásticos; mejores que cualquiera de nosotros. Nos superan en todo”[9]. El propio Dowding después de la batalla declaró: “De no haber sido por el magnífico trabajo de los escuadrones polacos y por su inigualable valentía, dudo en afirmar que el resultado de la batalla hubiera sido el mismo”. No cabe duda de que las atrocidades que Hitler cometió en Polonia y el devastador bombardeo de Varsovia generaron en los pilotos polacos un fuerte sentimiento de furia y deseo de venganza que les acompañó en sus aviones.

Los “polluelos” de Dowding apenas contaban con una media de edad de 22 años. Algunos de ellos tenían que subirse a un avión sin haber deshecho su petate y algunos no lo deshicieron jamás. A pesar del halo de aventureros y triunfadores que les rodeaba, estos muchachos hubieron de convertirse en adultos rápidamente y ser capaces de soportar una gran tensión y cansancio. A medida que la Luftwaffe aumentó sus ataques contra la población civil del sur de Inglaterra el sentimiento de rabia arraigó en los escuadrones, y aquellos primitivos combates entre caballeros de la Gran Guerra, con su halo de romanticismo, se convirtieron en duelos a vida o muerte donde la caballerosidad había perdido protagonismo. 

Los pilotos de la RAF dispusieron de dos aviones de caza fundamentales para neutralizar a los bombarderos alemanes: El Spitfire y el Hurricane.

Spitfire (Wikipedia)

El Spitfire fue diseñado por Reginald J. Mitchell que falleció antes de ver su avión entrar en combate; tras su muerte acabó el trabajo Joe Smith. El proyecto fue desarrollado por la compañía Vickers Supermarine Ltd. Tras el éxito de las pruebas efectuadas en marzo de 1936, comenzó a producirse masivamente en 1937, después de que Hitler ocupara Renania. El modelo no dejó de evolucionar y mejorar a lo largo de su periodo de fabricación. Era un caza monoplaza que también podía utilizarse como bombardero y en misiones de reconocimiento. Alcanzaba inicialmente una velocidad de 568 km/h que llegaron a convertirse en 720 km/h. empujado por sus potentes motores Rolls Royce y su autonomía en vuelo era de 595 km. Su envergadura era de 11 metros y su longitud de 12m. Iba equipado con ocho ametralladoras Browning y dos cañones de 20 mm. que acabarían siendo cuatro.

EL Hurricane diseñado por Sydney Camm voló por primera vez en 1935, un año antes que el Spitfire, su velocidad máxima era de 530 km/h. pero su autonomía era superior, llegando hasta los 900 kilómetros. Iba armado con 8 ametralladoras del mismo tipo de las que montaban los Spitfire. La Hawker-Camm trabajó privadamente en este aparato desde 1933 pese a no conseguir involucrar al gobierno en su producción debido a las dudas sobre su utilidad que manifestó el Ministerio del Aire. Pero cuando conocieron el diseño definitivo dieron marcha atrás y ante la situación que se vivía en Alemania el Air Council comenzó a formalizar pedidos de este avión, duro, resistente y muy manejable.

Dowding dividió Gran Bretaña en 3 franjas que defenderían los grupos 11, 12 y 13 de la RAF. La franja sur era la que más directamente soportaría el ataque alemán por lo que a su vez quedó dividida en un sector Este y otro Oeste que sería defendido por el grupo 10, de nueva creación. El grupo del Este fue el más castigado, su comandante era Keith Park y él era el responsable de los aeródromos, las salas de operaciones y la táctica a seguir en el combate.

Keith Park (Wikipedia)

Pero para que los pilotos pudieran cumplir su misión con eficacia, Dowding desarrolló un completo sistema de alertas, información y comunicación que permitiera a la RAF sorprender a los pilotos alemanes, anticiparse, ganar la posición y, en definitiva, optimizar los recursos en acciones eficaces. Dowding apostó por la tecnología.

Construyó una red de estaciones de RADAR que se extendió desde las costas del Canal para protegerse de los aviones de la Luftwaffe destacados en Bretaña, Normandía y Bélgica, hasta el norte de Inglaterra y Escocia para defenderse de los aviones que despegaran del norte de Alemania, Holanda y Noruega. Esta red de estaciones fue desarrollada por los gobiernos consecutivos de Stanley Baldwin y Neville Chamberlain en lo que supuso una enorme partida de gasto y comenzó a estar operativa, aún con limitaciones, en 1937. Sorprendentemente la Luftwaffe no se preocupó en exceso por la utilización de esta tecnología que incluso en la misma Gran Bretaña resultaba inicialmente muy antipática ya que las torres y las antenas molestaban el vuelo de las aves.

Sin embargo, la agencia de inteligencia británica sí que se preocupó por conocer los avances técnicos del enemigo y por tratar de obtener información de sus tácticas y estrategias de manera que pudieran anticiparse a sus movimientos. Se trabajaba en desencriptación y descodificación de los mensajes y órdenes del mando alemán en lo que se conocía como programa ULTRA (por ultrasecreta). La información recibida por este sistema era manejada por muy pocos mandos británicos que además la utilizaban tratando de hacer ver que la información había sido obtenida por otros cauces para que los alemanes no cambiaran sus códigos y claves.

En las estaciones de radar Dowding ubicó al Women´s Auxiliary Air Force (WAAF), cuyas componentes fueron las encargadas de transmitir al centro de control del Fighter Command la llegada de aviones enemigos. También estaban en contacto con este centro el Cuerpo de observadores, los operadores de los focos antiaéreos y los encargados de hacer sonar las alarmas. La información se transmitía a la gran sala de operaciones del Fighter Command situado en Bentley Priory, en cuyo centro un gigantesco mapa de la costa Este de Inglaterra y de la costa occidental del continente servía de mural expositivo. En él se representaban los aviones enemigos y los de la RAF y se iban moviendo según se fueran recibiendo noticias de su situación por el RADAR o por la radio. El grito Tally Ho significaba la aparición de aviones enemigos y movilizaba a todos los presentes en el centro de control. El Air Council tomaba decisiones analizando la ubicación de las fuerzas en cada momento y transmitía las órdenes de despegue a cada sector. De esta forma Dowding evitaba que los aviones estuvieran en el aire buscando aviones de la Luftwaffe ahorrando horas de vuelo y combustible. Al ser informados con la antelación suficiente, los polluelos podían elevarse por encima de los cazas y bombarderos alemanes antes de que estos advirtieran su presencia y atacar desde atrás y desde arriba sorprendiendo a los pilotos de la Luftwaffe. Dowding se aseguró de que el sistema de comunicación no fallase haciendo enterrar y cubriendo de cemento los cables de las líneas telefónicas desde Bentley Priory hasta los centros de mando de cada sector.

EL Fighter Command (pinterest.com)

Keith Park comandante del Sector 11, en una estrategia que compartía con Dowding, comenzó a enviar pequeños grupos de tres o seis aviones a enfrentarse con los Messermicht que escoltaban a los bombarderos. De esta forma conseguía dos objetivos: hacía pensar al mando alemán que la resistencia británica iba a ser más escasa de lo que verdaderamente sería y, por otra parte, no arriesgaba un exceso de aviones en cada operación; de esa forma las derrotas eran preocupantes, pero no definitivas, sin embargo, si la RAF perdía gran número de aparatos en pocos enfrentamientos, el debilitamiento de la defensa proporcionaría gran ventaja a la Luftwaffe.

Esta táctica no era compartida por todos los jefes de sector y por otros altos mandos de la RAF. Park hubo de enfrentarse a Leight Mallory, jefe del Grupo 12, que opinaba que la táctica correcta era lanzar un potente grupo de escuadrones contra los aviones de Hitler. Técnicamente esta opción era poco viable por las limitaciones de las comunicaciones que no permitirían una buena coordinación entre estas grandes formaciones, sin embargo, la sensación de inferioridad que sentían los pilotos ingleses ante las impresionantes formaciones de la Luftwaffe provocó que no fueran pocos los que apoyaban la táctica de Mallory. Entre ellos se encontraba Sholto Douglas, segundo jefe de Estado Mayor de la RAF, lo que hace indicar que las diferencias de criterio y tensiones personales fueron continuas entre los mandos británicos de la Batalla de Inglaterra.  

Las tesis de Dowding y Park se impusieron. Pese a su distante relación con Churchill, éste hubo de reconocer -8 años después- que el comandante del Fighter Command tenía razón y que su estrategia fue correcta, de lo que quedó convencido al presenciar desde el Cuartel General del Grupo 11 la defensa llevada a cabo en la gran batalla del 16 de septiembre.

La Batalla de Inglaterra

Las primeras incursiones alemanas se produjeron a lo largo de la segunda quincena de julio. Fueron bombardeos a pequeña escala con objeto de conocer la capacidad de las defensas antiaéreas británicas que se centraron en la zona de Dover. Dowding no repelió los ataques alemanes con grandes fuerzas tratando de hacer creer que disponía de unas fuerzas más limitadas de las que tenía en realidad. El acierto fue total. Los servicios alemanes de inteligencia informaban a Göring que la RAF disponía de entre 350 y 400 cazas que podrían ser eliminados en unos pocos ataques masivos.

El 24 julio Adolf Galland, as de la aviación alemana, general de la Luftwaffe y comandante del JG 26, al mando de 40 cazas Me 108 y 18 bombarderos Dornier, atacó un convoy en el estuario del Támesis. Tres escuadrillas de Spitfire despegaron para interceptar a los aviones alemanes. Este fue el primer combate registrado. Los ingleses, pese a su inferioridad, derribaron 2 aviones (aunque anunciaron que fueron 16) lo que fue suficiente para que los alemanes fueran conscientes de que vencer en esta batalla no iba a ser tan fácil como anunciaba su Reichsmarschall Göring.

Durante los primeros días de agosto continuaron produciéndose escaramuzas sobre el Canal. Hasta mediados de agosto fueron derribados 270 aparatos de la Luftwaffe por 145 de la RAF. Según las percepciones del jefe de inteligencia de la Luftwaffe Beppo Schmidt, los británicos no podían contar ya con más de 300 aviones. Göring estableció el día 5 de agosto con el día del gran ataque masivo, el llamado Adlertag. La meteorología lo retrasaría hasta el día 10 y posteriormente hasta el 13.

El día 12 el buen tiempo permitió que la Luftwaffe bombardeara los aeródromos costeros de Manston, Hawkinge y Lympne. Atacaron estaciones de RADAR pero las antenas eran blancos difíciles y las líneas de comunicación estaban enterradas; de esta manera la defensa costera y el suministro de información al Fighter Command no se vieron comprometidas. La magnitud del ataque, 1.485 despegues de aviones alemanes, podía hacer creer que la gran ofensiva había comenzado. Pero Churchill había comunicado a Dowding que las transmisiones de la máquina Enigma descifradas en Betchley decían que el “Día del Aguila” tendría lugar al día siguiente. Dowding no lanzó sus fuerzas contra los bombarderos alemanes y estos continuaron creyendo que la RAF estaba prácticamente destruida, más aún cuando las noticias hablaban de haber dejado 70 cazas fuera de combate, apreciación ésta completamente incierta.

Bombarderos alemanes (ruizhealytimes.com)

El 13 de agosto fue ese día, el Adlertag. A las 5.10 los bombarderos iniciaban el despegue, pero el mal tiempo hacía que el alto Mando alemán paralizase el ataque. Tan solo algunas escuadras de Dornier a las órdenes del comandante Fink continuaron en el aire por problemas en las comunicaciones. La mejoría del tiempo permitió que por la tarde los alemanes bombardearan objetivos en Southampton, Rochester y Portland.  Las fuerzas alemanas lamentaban 38 aviones derribados por 13 de los británicos. El día 14 tampoco se produjo un ataque a gran escala ya que la previsión meteorológica hacía indicar que el día 15 sería el más indicado para llevar a cabo el ataque.

El día 15 partieron 1.790 aviones[10] con el objetivo de destrozar los aeródromos de la RAF. Fue el día con mayor número de despegues alemanes. Se dirigieron hacia los aeródromos de Hawkinge, Lympne, Manston y Martlesham Heath que sufrieron graves daños. Los pilotos del Grupo 11 eran superados numéricamente y Park solicitó refuerzos del Grupo 10. Durante la tarde continuaron los ataques sobre más bases del Fighter Command, Middle Wallop, Biggin Hill y Kenley. Los pilotos de la RAF aterrizaban en pistas llenas de cráteres producidos por las bombas alemanas, bebían y comían algo en sus cabinas mientras repostaban el avión y volvían a despegar para enfrentarse al enemigo. Así se batieron el Grupo 11 y el Grupo 10 desde el alba al anochecer. Consiguieron derribar una cantidad de cazas y bombarderos alemanes que superó en proporción de más de dos a uno las bajas británicas.

Por el noreste atacaba la Luftflotte 5 con 65 bombarderos HE 111y 34 Bf 110 procedentes de Noruega y Dinamarca, sus objetivos eran Newcastle y Sunderland además de evitar que los Grupos 12 y 13 pudieran enviar refuerzos al Grupo 10. Fueron detectados por las estaciones de RADAR; el factor sorpresa se perdió por completo y los cazas británicos de los Grupos 12 y 13 despegaron para interceptar el ataque. Lo hicieron con tiempo de sobra para atacar a los alemanes antes de que volaran sobre Inglaterra. Las formaciones alemanas se dispersaron, los aviones lanzaban sus bombas al mar para perder peso y volver a sus bases, tan sólo algunos consiguieron alcanzar la zona de Sunderland y bombardearla. La RAF no perdió ningún avión en este ataque.  La Luftflotte 5 con base en Noruega perdió una quinta parte de sus aviones y no volvió a intervenir en la batalla.

Al final del día la RAF había derribado 75 aviones alemanes y la Luftwaffe había hecho lo propio con 30 ó 35. Los alemanes denominaron a este día “el jueves negro”.  Parecía evidente que la victoria era británica. Su objetivo de mantener una fuerza capaz de enfrentarse a la aviación alemana se había cumplido. Göring que vaticinó que acabaría en “cuatro días” con la RAF se veía envuelto en una guerra de desgaste que podía acabar favoreciendo a la Luftwaffe debido a su superioridad numérica, pero que en ningún caso se iba a resolver fácilmente y con escasas bajas.

El sistema de información de Dowding permitía que la RAF optimizase sus fuerzas y sorprendiera a los alemanes desde una mayor altura y por detrás. Göring no apostó por destruir las estaciones de RADAR, no pensaba que fueran tan eficaces como estaban siendo. Los ataques contra las bases del Fighter Command sí que tenían éxito, pero el personal de tierra se afanaba en reconstruir los destrozos y conseguir mantener las instalaciones en una operatividad suficiente. Los resultados para la Alemania nazi eran bastante desalentadores y las percepciones optimistas de Schmidt comenzaban a perder credibilidad.

Al día siguiente Göring ordenó repetir el ataque con 1.700 salidas. Uno de los objetivos fue la base de Tangmere seriamente dañada por los Stuka. Ante el éxito, el día 18 Góring lanzó de nuevo una escuadra de Stukas. La Escuadrilla 43 derribó 18 bombarderos alemanes. La derrota fue tan significativa que Göring ordenó que se dejaran de emplear los Stuka. Göring reunía a sus comandantes Galland, Mölders y Wick, los tres ases de la aviación alemana más significativos, para pedirles explicaciones de lo sucedido y culpar a los cazas del fracaso de la operación. Las sensaciones en el mando alemán ya no eran tan optimistas.

El mal tiempo detuvo las operaciones hasta el 24 de agosto. Desde ese día hasta el 7 de septiembre se vivieron los momentos más angustiosos para la RAF. La Luftwaffe mantuvo una media de 1.000 salidas diarias. Los ataques se centraron en los aeródromos del sur, especialmente los costeros y los de alrededor de Londres. En esos 12 días, más de 300 cazas fueron derribados, 103 pilotos murieron y 250 resultaron heridos. Pero la Luftwaffe no atacó las fábricas de aviones por lo que la RAF conseguía recibir suficientes aparatos para reponer los perdidos. El día 31 de agosto fue el día más crítico, la RAF perdía 39 aviones y 14 pilotos. Los pilotos novatos sustituían a los veteranos, aunque sin el mismo éxito. Se calcula que tan solo un 3,5% de los pilotos de la RAF fueron los responsables del 30% de los derribos[11] de los cazas nazis.

La RAF resistía, pero el desgaste hacía dudar si sería posible resistir durante mucho más tiempo la continuada ofensiva alemana. Sin embargo, el día 24 había ocurrido un hecho que iba a cambiar el rumbo de la batalla y posiblemente de la guerra.

¿Audacia o temeridad?

La noche del 24 al 25 de agosto una escuadra de la Luftflotte 3 de Sparrle cometió un error de navegación; pasó de largo sobre sus objetivos y bombardeó por error algunos barrios del este y sur de la City de Londres.

El gobierno alemán pidió disculpas por la acción, pero Churchill ordenó bombardear Berlín como represalia. El gabinete de Guerra estaba decido a asumir riesgos y desafiar al enemigo, no había nada que impresionara ni molestara más a Hitler que darse cuenta de la ira y el tesón de Gran Bretaña[12]. La noche siguiente 75 bombarderos Wellington y Hampden lanzaron sus bombas sobre Berlín. Durante tres de las cuatro noches posteriores repitieron la acción. No hay constancia de que causaran graves daños, tan solo 8 muertos y 39 heridos, pero el golpe a la moral y el orgullo de los líderes nacionalsocialistas fue de enormes dimensiones.

Winston Churchill (Amazon)

Göring había prometido que jamás Berlín sería bombardeada. Hitler, en un ataque de cólera, decidió que el objetivo principal de los ataques alemanes pasara a ser la ciudad de Londres y así lo anunció en un discurso pronunciado en el palacio de los deportes de Berlín, “si ellos atacan nuestras ciudades, nosotros arrasaremos las suyas”. El Blitz de Londres iba a ser la respuesta del Führer a las continuas negativas de Churchill a aceptar su ofrecimiento de paz y al atrevimiento de golpear la capital del III Reich.

Faltaban aquel día apenas tres semanas para alcanzar la fecha propuesta para el inicio de la operación León Marino. La RAF mantenía el tipo, pero sus bases e instalaciones estaban bastante dañadas. El cambio de objetivos por parte de Hitler permitió que, desde el 7 de septiembre, fecha en que se inició el bombardeo sobre Londres, la logística de las fuerzas aéreas británicas pudiera recomponerse. Desde el 10 de agosto la RAF había comenzado a perder más aviones diariamente de los que recuperaba reparados y recibía de nueva fabricación. Si bien es cierto que aún tenía una cantidad en reserva situada en los aeródromos de los Grupos del norte y el oeste, que no entraba todos los días en combate, a este ritmo comenzaría a perder unidades y debilitarse claramente en tres semanas. Entre el 2 y el 6 de septiembre los ataques contra las fábricas de aviones fueron más precisos, destruyeron varios aeródromos y una de las salas de control del Grupo 11 en Biggin Hill[13] donde murieron 39 personas entre miembros de mantenimiento y mujeres de la WAAF. El mando de la RAF decidió abandonar los combates sobre el Canal y centrarse en la defensa sobre la isla para tratar de recuperar más aviones de los derribados y poder socorrer en tierra a los pilotos que saltaran en paracaídas. Abandonaban un sector estratégico.

El propio general Park hablaría más adelante de un verdadero periodo crítico[14]. Pero nadie se atrevió a llevar la contraria a un colérico Hitler. Göring tras su doble fracaso no podía manifestarse en contra del deseo del Führer y estaba ansioso por vengarse del ataque a Berlín que tanto dañó su imagen y prestigio. La decisión alemana fue abandonar los objetivos militares, aeródromos, bases, puertos y estaciones de RADAR para bombardear núcleos urbanos y debilitar la moral de la población civil en un último intento de que los ingleses, desesperados ante el fuego, la destrucción y la muerte, obligasen a su gobierno a negociar una paz tolerable con el III Reich.

El 7 de septiembre se produjo un ataque masivo alemán con más de 1000 aparatos sobre el cielo inglés. El Mando de Cazas no acertaba a adivinar cual era el objetivo, las formaciones rebasaban los aeródromos, las bases y las fábricas. El objetivo era la ciudad más grande del mundo, Londres. Era la venganza de Hiltler. El bombardeo se extendió durante la noche por el East End gracias a un nuevo sistema de guiado para las bombas que estaban perfeccionando los alemanes. Londres sufrió 300 muertos y 1300 heridos e incontables viviendas y edificios públicos destruidos. Desde este día hasta mediados de noviembre la Luftwaffe envió diariamente alrededor de 200 aviones que lanzaron 13.000 Tm. de bombas incendiarias y explosivas sobre Londres, Birmingham y otras importantes ciudades inglesas.

Si a mediados de septiembre la RAF no había sido derrotada, la operación León Marino se aplazaría. Antes de comenzar el Blitz sobre Londres la fecha se retrasó al 21 de septiembre. Göring era consciente de la situación y sabía que sería el único responsable, más aún cuando se había jactado de que acabaría con la RAF en cuatro días. Así que el 14 de septiembre Göring volvía a reunir a sus ases para presionarles e insistir en la necesidad de derrotar a la aviación británica y facilitar la invasión. Menospreció su historial de derribos afirmando que lo realmente importante era proteger a los bombarderos para que pudieran causar el mayor daño posible. Galland defendió la labor que realizaban sus hombres, pero Göring ignoró con desdén sus opiniones e incluso culpó a los pilotos de caza del fracaso de los Stuka[15]. Al final de la reunión preguntó uno por uno a sus comandantes si necesitaban en especial algo más para acabar de una vez con la RAF. Mölders solicitó cuantos ME-109 E-4/N (la nueva generación de Messersmicht) fueran posibles. Cuando, a punto de abandonar la sala, se volvió hacia Galland y le preguntó, éste, malhumorado por las continuas reprimendas de su mariscal, le respondió que su deseo era contar con unos cuantos Spitfire[16]. Los comandantes de la Luftwaffe habían dejado de creer las predicciones del jefe de espionaje Schmidt. Las bajas de pilotos eran muy elevadas y no daba la sensación de que la RAF estuviera a punto de desplomarse, cada día aparecían escuadrones de Hurricanes y Spitfire que sorprendían y golpeaban a las formaciones alemanas.

Una nueva operación se llevó a cabo el día 16 con Churchill presente en Uxbridge, en el centro de control del mando del Sector 11. Con el refuerzo de los grupos 10 y 12 del Oeste, la RAF derribó 56 aviones y perdió 29. Pero la Inteligencia alemana continuaba hablando de una RAF casi destruida con apenas 177 aparatos según ellos. Sin embargo, el optimismo de Göring ya no impactaba positivamente en Hitler. La Kriegsmarine y la Wermacht mediado septiembre y atendiendo a los resultados de las incursiones aéreas juzgaban imposible que la Luftwaffe acabara con el Mando de Cazas de la RAF y que ellos pudieran encontrar el Canal de la Mancha libre de aviones enemigos. El 19 de septiembre Hitler ordenaba suspender León marino hasta la primavera.

La población de Londres y la de otras ciudades soportaron valerosamente los bombardeos. Hitler no consiguió doblegar el espíritu británico atacando indiscriminadamente objetivos civiles. La Luftwaffe continuó bombardando por las noches Londres y las industrias de las Midlands. A finales de septiembre la RAF había perdido 723 aviones y los alemanes más de 2.000[17].

Londres bajo las bombas (Canal Historia)

A partir de este momento, lo que iban a producirse eran una sucesión de devastadores ataques contra objetivos civiles. Pero aún habría de producirse un último golpe de efecto durante aquel otoño. El 13 de noviembre, cuando Molotov estaba en Berlín negociando con Ribbentrop acerca de las pretensiones territoriales de soviéticos y nazis en el este de Europa, Churchill ordenó un nuevo ataque sobre Berlín con sus bombarderos. Ribbentrop había dicho al ruso que Gran Bretaña estaba acabada, tratando de hacer ver que el poderío de sus ejércitos se mantenía intacto. Cuando comenzaron a sonar las sirenas y llevaron al ministro de exteriores de Stalin al refugio antiaéreo, Molotov preguntó qué si Gran Bretaña estaba acabada, ¿quién les bombardeaba? La desconfianza entre Alemania y la Unión Soviética iba en aumento.

Al día siguiente, como represalia, se produjo el terrible bombardeo de Coventry, con graves destrozos en fábricas de armamento, en la catedral y 380 civiles muertos. Pero estos ataques ya no se producían en el marco de lo que conocemos como la Batalla de Inglaterra, esto comenzaba a ser la respuesta a la sed de venganza y la búsqueda de represalias.

La tenacidad inglesa hizo pensar a Hitler que Churchill tal vez contara con el apoyo soviético en lo que podría estar suponiendo un juego a dos bandas por parte de Stalin. Desde el punto de vista de Hitler, el grano de las tierras negras de Ucrania, los pozos petrolíferos del Cáucaso y la riqueza mineral del suelo ruso eran fundamentales para el sostenimiento del imperio alemán. La dificultad que suponía la operación anfibia a través del Canal de la Mancha y la necesidad de aprovisionamientos para el ejército, determinó que la Operación Barbarroja desplazase a la Operación León Marino en el orden de preferencias militares. En su soberbia Hitler y su Estado Mayor pensaban que llegar a Moscú sería coser y cantar tras haber sometido a Francia con la rapidez que lo hicieron. No contaron con el invierno ruso.

A su vez, en Berlín comenzaban a comprender que la invasión tenía pocas posibilidades de llevarse a cabo en ningún momento y que tal vez un bloqueo fuera mucho más efectivo. En el ánimo alemán aún pervivían los recuerdos del bloqueo al que los aliados les sometieron durante la Gran Guerra. El Blitz sobre Londres continuó, no obstante, durante el invierno, pero los alemanes comenzaron a desviar aviones a partir de mayo de 1941 para apoyar la campaña de Rusia.

Una vez rendida la Unión Soviética, con Gran Bretaña bombardeada, bloqueada y sola en la defensa de Europa, el gobierno británico debería deponer su actitud y claudicar firmando un armisticio. Pero la resistencia inglesa no se quebró. Churchill consiguió congregar al país y lo mantuvo unido en previsión de que la guerra sería larga. La RAF había cumplido generosamente con su cometido de defender la isla.  Una frase de Churchill quedó para la historia: Nunca en la historia de los conflictos humanos, tantos debieron tanto a tan pocos.

 Los bombardeos produjeron 43.000 muertos y 139.000 heridos entre la población civil.

Conclusiones

Dos errores de táctica y estrategia por parte de la Alemania nazi cambiaron el rumbo de la guerra en la primavera y el verano de 1940: No acabar con la BEF en Dunkerke y no acabar con la RAF en el cielo del Canal de la Mancha y el sur de Inglaterra.

En ambos casos el mariscal Göring se vio comprometido. Solicitó al Führer encargarse de la aniquilación de las tropas aliadas que esperaban a embarcar en Dunquerque para alcanzar las Islas Británicas.  La RAF, con menos pilotos convenientemente adiestrados, sin experiencia y en inferioridad numérica, se enfrentó a la Luftwaffe que no consiguió arrasar las playas. Hitler, embelesado con su toma de París, no prestó la atención debida a esta acción, en la que, si se hubiera cumplido el objetivo de Göring, el ejército británico hubiera sufrido un varapalo del que le hubiera sido muy difícil recuperarse.

Pese a que los alemanes no acabaron con los hombres de la BEF, lo ocurrido en Dunquerque no dejaba de ser una retirada, una derrota: Francia caía en manos nazis. Gran Bretaña emergía como el último bastión de resistencia de Europa Occidental. Hitler albergaba la esperanza de que ante lo dramático de la situación el gabinete de Churchill firmara un armisticio. Pero el premier británico enarboló la bandera de la resistencia en nombre de la libertad. En América las dudas respecto al destino que seguiría Europa eran gigantescas.

El Führer contaba aún con la negativa de las cámaras americanas a involucrarse en la guerra y contaba con que gran parte de los más influyentes norteamericanos no verían con malos ojos un acuerdo con Alemania. Entendía que podría someter a Gran Bretaña si esta no recibía el apoyo, primero militar y después económico, del otro lado del océano.

Hitler decidió entonces organizar un plan para invadir la isla. Para ello era fundamental acabar con la defensa que la RAF pudiera proporcionar desde el aire, por tanto, sería imprescindible la labor de la Luftwaffe. De nuevo Göring sería el encargado de llevar a cabo una misión que podía resultar trascendental y de nuevo recibió el encargo con prepotencia y altanería, acabaré con la RAF en cuatro días, se atrevió a decir.

Pero un grupo de pilotos inexpertos y audaces replicaron a los ataques de los expertos ases de la aviación alemana. La estrategia ordenada por Dowding dosificando sus fuerzas y golpeando puntualmente sobre objetivos localizados, fijados y posicionados dio resultado. El sistema de información y la operativa de su Fighter Command fueron determinantes en el resultado final.

Churchill ordenó bombardear Berlín como represalia al ataque que por error llevaron a cabo los bombarderos de la Luftwaffe. Churchill volvía a mostrar su determinación y se atrevía a mostrar que la guarida del enemigo no era inexpugnable. Intentaba involucrar a los Estados Unidos haciendo ver a Roosevelt que Gran Bretaña no estaba acabada ni sometida y que los nazis no eran invencibles.   

Churchill en su obra La Segunda Guerra Mundial no muestra hasta qué punto pensaba que pudieran llegar los alemanes en su represalia. Su Estado Mayor quería desafiar a Hitler y afianzarse en su tenacidad. Cabía esperar una respuesta contundente por parte de la Luftwaffe que ya había arrasado previamente y sin ningún escrúpulo Varsovia y Rotterdam, pero da la sensación de que ni unos ni otros entendieron en ese momento que, con su decisión, estaban cambiando el sentido de la guerra.

Sin embargo, Churchill escribe: “Mucho más importante para nosotros que proteger Londres del terror de las bombas era el funcionamiento y la articulación de estos aeródromos y de los escuadrones que operaban desde ellos[18]. Consciente o inconscientemente el Premier y su gabinete de Guerra derivaron la destrucción hacia su capital y permitieron la reconstrucción de sus bases y aeródromos.

Hitler dio muestras de indecisión a la hora de planear concienzudamente la invasión. Desde su inicial aprobación hasta la fecha prevista de inicio sólo trancurrirían dos meses. Además, ni la Kriegsmarine ni la Wermacht parecían muy convencidos de su idoneidad. Por otra parte, el Führer albergaba esperanzas de mantener la paz con los británicos.

En cambio, no tenía dudas al respecto de la necesidad de acabar con el poder de Stalin. Competían en las aspiraciones territoriales y necesitaba sus materias primas. La determinación de Churchill y la resistencia británica fueron un desencadenante más de la decisión de iniciar la Operación Barbarroja.

Hitler pensó que no era vital invadir Gran Bretaña, ya que, por sí sola, no tenía capacidad de enfrentarse en el continente a Alemania. Pero la isla se convirtió en refugio para soldados de otros países, para algunas de las casas reales, para miles de refugiados y sus autoridades apoyaron a las resistencias en los países ocupados del continente.

Hitler no resolvió el conflicto con los británicos y Churchill se mantuvo como su feroz enemigo.  Cuatro años después, el sur de Inglaterra fue la cabeza de puente desde la que los aliados lanzaron el desembarco de Normandía.




[1] KERSHAW, A.; Aviadores. Los caballeros del aire en la Batalla de Inglaterra. Barcelona 2007, p.20. citando a Norman Moss y su libro Nineteen weeks.

[2] BEEVOR, A.; La Segunda Guerra Mundial. Barcelona, 2012, p.174

[3] HASTINGS, M.; Se desataron todos los infiernos. Barcelona, 2011, pp.120-103

[4] DÖNITZ, K.; Diez años y veinte días. Madrid, 2005, p. 119

[5] KORDA, M.; Con alas de águila. Madrid, 2010, pp.99-104 Korda profundiza en este debate.

[6] Ídem., p.127. No obstante, hay fuentes muy dispares, algunas cifran en 620 los aparatos y algunas, incluso, en apenas 500.

[7] Ídem.

[8] Aviadores, p.97

[9] OLSSON, L.; La isla de la esperanza. Madrid, 2018, p.91

[10] BEEVOR; La Segunda…, p.192

[11] Se desataron todos…p.106

[12] CHURCHILL, W.; La Segunda Guerra Mundial. Madrid. Reedición, 2001, pp.400-401

[13] Con alas de aguila…p.220

[14] Ídem., p.219

[15] KAPLAN, P.; Ases de la Luftwaffe en la Segunda Guerra Mundial. Madrid, 2017, Capítulo 1 Adolf Galland

[16] Aviadores, p.209. El encuentro mencionado por Kershaw, está relatado en la obra BAKER, D.; Adolf Galland. Window and Greene. Londres, 1996, p.135

[17] BEEVOR, A.; La Segunda…p.200. No obstante, las cifras difieren en los diferentes libros estudiados. Por ejemplo, Hastings, M.; Se desataron… cifra en 788 los ingleses y 1.294 los alemanes.

[18] CHURCHILL, W.; La Segunda Guerra Mundial, p.394


BIBLIOGRAFÍA

BEEVOR, A.; La Segunda Guerra Mundial. Barcelona, 2012

CHURCHILL, W.; La Segunda Guerra Mundial. Madrid. Reedición, 2001

DÖNITZ, K.; Diez años y veinte días. Memorias del hombre que sucedió a Hitler como jefe del III Reich. Madrid, 2005

HASTINGS, M.; Se desataron todos los infiernos. Barcelona, 2011

KAPLAN, P.; Ases de la Luftwaffe en la Segunda Guerra Mundial.  Madrid, 2017

KORDA, M.; Con alas de águila. Madrid, 2010

LIDDEL HART, B.; “La Segunda Guerra Mundial” en MOWAT, C.L. (Dir.); Historia del Mundo Moderno. XII Los grandes conflictos mundiales, 1848-1945. Barcelona, 1992, pp.562-563

OLSSON, L.; La isla de la esperanza. Madrid, 2017


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